viernes, 6 de marzo de 2009

Raíces de las tecnologías del cuerpo.

Raíces de las tecnologías del cuerpo.

Introducción

Las palabras que siguen quieren mostrar una interpretación del sendero histórico que ha conducido a la relación actual de la tecnología con el cuerpo. Esa interpretación no pretende demostrar, a través de la confrontación de hipótesis ni a través de una línea de causalidades necesarias, la problemática actual del cuerpo en sus relaciones con la tecnología; el objetivo perseguido es tan sólo mostrar como la conjugación de algunas interpretaciones respecto del mundo, la ciencia, la materia y la imaginación han contribuido para poner en acto algunas de las posibles situaciones que la realidad del cuerpo debe enfrentar.

En primer lugar se sintetizará el giro que ha emprendido el objetivo de la investigación intelectual desde la antigüedad hasta la modernidad.

En un segundo momento el discurso se detendrá en las consecuencias que el viraje de la investigación ha provocado respecto al modo de concebir la actividad intelectual y la actividad corporal.

A continuación se mencionarán algunas de las pistas de acción que la ciencia, en el reemplazo de la filosofía y de la religión, ha trazado para sí respecto de la transformación de la materia en general y del cuerpo en particular.

Como corolario no se proponen conclusiones definitivas ni un conjunto de valoraciones en relación con la situación actual del cuerpo moldeado tecnológicamente; en su lugar se ofrecen algunas fotografías imaginarias que pueden, quizás, ilustrarnos acerca de un futuro incierto en lo tocante a la tecnología y sus relaciones con el cuerpo.

Finalidad de la investigación

La finalidad de la investigación en el mundo clásico se orientó claramente hacia la consecución de la verdad, ya fuese esta entendida como develamiento o como adecuación de la inteligencia a la cosa.

De la antigüedad a la edad media, el status de un determinado tipo de conocimiento estaba dado por la nobleza de su objeto, de aquí el valor de metafísica para los griegos y de la teología para los medievales.

Con el nacimiento de la moderna ciencia experimental y el nuevo significado de la teoría (no como contemplación, sino como principio de acción), el valor de un conocimiento deja de estar enlazado con el objeto al que refiere; y se decide por el grado de precisión y de exactitud con que dicho objeto es alcanzado. Esta línea de investigación fue continuada y exacerbada más tarde por el positivismo para el que la ciencia experimental y su lenguaje matemático, es el modelo más, acabado de conocimiento.

De este modo, la investigación griega y medieval se dirigió al mundo de lo espiritual, de lo metafísico, de lo divino; éste mundo sin lugar a dudas se presentaba como una realidad mucho más acabada y perfecta que el mundo sensible.

La investigación moderna, en la consideración de que el mundo físico es mucho más asequible, se orientó al mundo de la naturaleza, entendiendo a ésta no como una realidad emergente de una entidad espiritual o divina, sino como realidad física sin soporte o fundamento alguno, como realidad sensible sin más.

La diferencia entre un “mundo divino” o un mundo que adquiere inteligibilidad por entidades metafísicas y/o religiosas de las cuales deviene, y un mundo sin soporte trascendente o metafísico, se constituye en esencial al momento de planear cualquier actividad que manipule la realidad sensible.

El mundo de los antiguos era, de alguna manera, un mundo perfecto. Tanto la idea griega del mundo como cosmos (armonía y perfección), como la idea cristiana del mundo como criatura, ponen límites a la acción humana respecto del mundo material.

Cuando el mundo físico se abstrae de un soporte ideal o trascendente, la naturaleza deja de ser concebida como armonía y el objeto de la investigación, entendida como manipulación y experimentación, se dirige a la materia, se conjugan los elementos necesarios para hacer de la realidad empírica un objeto de la acción técnica con límites discutibles o sin límite alguno.

Teoría y verdad

La fórmula clásica “la operación sigue al ser” se entiende del siguiente modo: Las operaciones de un ser deben ser entendidas a la luz de la comprensión del ser que las realiza o, lo que es lo mismo: el tipo de operaciones de un ser dice algo del ser que opera.

El hombre entendido como ser corpóreo y racional es sujeto y principio de dos tipos de operaciones, las operaciones que emergen de su sensibilidad y aquellas que tienen como principio su racionalidad.

Las operaciones emanadas de la corporeidad son operaciones que el hombre comparte con los animales; las operaciones intelectuales son, en cambio, el tipo de operaciones que separa al humano del mundo de los brutos.

La “actividad intelectual” es, sin lugar a dudas, la actividad que los clásicos concibieron como la más excelente de aquellas que puede realizar el hombre.

La “actividad intelectual” para los antiguos no puede propiamente decirse actividad. Los antiguos concibieron a la actividad intelectual como “teoría”. Teoría equivale a contemplación; la vida teorética es la vida contemplativa. La contemplación, más que una actividad, es la disposición del intelecto para captar la esencia de lo que es, la verdad. La contemplación no se realiza en la actividad; ella requiere, por el contrario la negación de la actividad, el ocio.

La contemplación es la disposición vital para alcanzar la verdad; la verdad, en esta perspectiva, no es el fruto de una construcción sino un descubrimiento, un hallazgo.

La teoría como camino a la verdad que se persigue por sí misma es la excelencia del conocer. Todo otro conocer tiende, en última instancia, a la verdad que se persigue por sí misma.

Aquella “actividad” que se realiza como “medio” para la consecución de un fin distinto es siempre una actividad útil. La “utilidad” de una actividad que no tiene en sí su razón de ser, se determina por la consecución de la finalidad.

La idea de una actividad cognitiva instrumental valorada como modelo del conocer es ajena al mundo antiguo.

La referencia al conocimiento como actividad (y entonces, construcción) o como instrumento de cambio, se hace siempre en el contexto histórico de la modernidad; en un contexto en el que el término “teoría” no significa ya disposición contemplativa.

Cuando la metáfora de “la verdad como hallazgo” es reemplazada por la metáfora de ”la verdad como construcción”, se opera el salto cualitativo que conduce de la perspectiva clásica a la perspectiva moderna del modelo de conocimiento.

Ciencia y naturaleza

La actitud del hombre moderno para con el mundo no es la de un espectador sino la de un hacedor.

El principio clásico de la contemplación sucumbe en el mundo moderno al principio de la acción.

El mundo natural que antiguamente era ocasión de contemplación se torna en los tiempos modernos en ocasión de transformación.

El mundo de la materia “se abre” así a las indefinidas posibilidades de acción del hombre; a esta apertura no permanece ajeno el hombre mismo en tanto cuerpo, en tanto realidad sensible susceptible de ser transformada.

El modelo de conocimiento del mundo moderno es el conocimiento científico; la ciencia reemplaza a la religión y a la filosofía como modos de conocer que pertenecen a la niñez de la historia humana.

La ciencia se presenta como un tipo de conocimiento maduro que, sin aspiraciones de alcanzar una realidad extra sensorial oculta en los entes, puede explicar los fenómenos que nos circundan y contribuir a mejorar las condiciones vitales que esos fenómenos entrañan para el hombre.

El “mejoramiento” de las condiciones vitales del ser humano será la resultante esperada de la aplicación de ese modelo cognitivo al mundo material.

El desencatamiento de un mundo alternativamente religioso, mítico y metafísico, habría de ser no un aborto penoso, sino la liberación de una patología cognitiva infantil que oscureció y nubló la visión del hombre; el resultado habría de ser una libertad, sin límites preestablecidos, para actuar en un mundo no legislado.

Tecnología y cuerpos

El mundo moderno se reconoce como un mundo adulto que no necesita ni soporta límites. La realidad material puede ser moldeada sin prejuicios; el cuerpo del hombre no escapa a esta intención.

La materia ha sido despojada de ley natural; lo “natural” es entonces legislar para la naturaleza.

En el “legislar” el límite del legislador esta dado únicamente por su imaginación; sus posibilidades están abiertas a infinitas hipótesis puestas a prueba en el cuerpo ajeno y aplicadas en el cuerpo propio.

El legislador legisla no sólo sobre planetas remotos, plantas y animales; legisla sobre su propio cuerpo.

La ciencia, modelo de conocimiento socialmente válido, se aplica a la materia, sin excepción, con la finalidad de rehacer las condiciones materiales de la existencia; el cuerpo en tanto materialidad no permanece extraño a la aplicación científica. Se asiste así al nacimiento de las tecnologías del cuerpo.

Las tecnologías del cuerpo no constituyen un auxilio para las condiciones existenciales del “hombre”, sino que se erigen como auxilio excluyente del “cuerpo”. La imposibilidad de acceso de la ciencia experimental a cualquier realidad inmaterial no constituye un reconocimiento de los límites de la ciencia; por el contrario provoca ya una negación, ya un olvido de cualquier hipótesis no sensible que se postule como sostén de lo corpóreo. El hombre no ocupa un cuerpo al modo de los dualismos antiguos; el cuerpo ocupa y sucede al hombre.

Las exigencias industriales de un mundo regido por la eficacia y la productividad no dejan fuera al cuerpo. El cuerpo es sometido entonces a todo tipo de potenciación experimental que permita satisfacer los criterios económicos que rigen la época.

Las tecnologías del cuerpo hacen del cuerpo lo que hacen de cualquier realidad material: lo transforman en una realidad más eficaz y productiva.

La transformación y el moldeo del cuerpo no reconocen límites; no hay limites estéticos, no hay límites médicos, no hay límites farmacéuticos. Las industrias desarrolladas a partir de las tecnologías del cuerpo actúan sobre éste en la des-consideración de algún soporte interior del mismo; el cuerpo ya no es un cuerpo humano…sólo es cuerpo.

En las tecnologías del cuerpo se depositan las expectativas de hacer del cuerpo una máquina perfecta. La “perfección” de la maquinaria corporal redunda en la satisfacción de necesidades “extrañas” al cuerpo.

El cuerpo deviene así en una máquina que resuelve y disuelve problemas sociales, estéticos, económicos, industriales, etc.; el cuerpo se torna ajeno, un “otro” para el sujeto.

Imaginación y límites para las tecnologías del cuerpo

Sin la pretensión de prever el futuro del cuerpo bajo la acción de la tecnologías que opera sobre él, se puede recoger un conjunto de fotografías imaginarias respecto del desarrollo de estas tecnologías sin límites éticos.

El film “Blade Runner” de Ridley Scott inaugura una serie de fotografías en relación con la problemática del cuerpo tecnológico. La trama de la película gira en torno a la “caza de cuerpos tecnológicos” que no resignándose a la suerte que les imprimió la tecnología, se han vuelto hostiles para con el hombre.

La película “Freejack” muestra un hipotético futuro en que los cuerpos son “comprados” como envase para la base de datos que constituye la interioridad del hombre. “Freejack” juega con la figura el cuerpo como mercadería de recambio que sólo reconoce como límite la posibilidad económica del “sujeto” que quiere o necesita un nuevo envase para un “yo” que no incluye su corporeidad.

“Terminator” y “Matrix” son, sin lugar a dudas, las películas más populares que retratan la rebelión de las máquinas y los cuerpos tecnológicos contra el tecnólogo. En “Terminator” máquinas del futuro viajan en el tiempo para garantizarse un resultado positivo en la batalla de los cuerpos tecnológicos contra los cuerpos orgánicos. “Matrix” retrata una naturaleza desbastada, después del combate de máquinas y hombres, que es enmascarada por un mundo virtual habitado por cuerpos virtuales. En “Matrix” la tecnología ha consumado su victoria sobre el mundo orgánico y usa con criterio productivo el único residuo “útil” del mundo orgánico: la energía.

“X-men” ensaya una vez más, la confrontación entre cuerpos tecnológicos y cuerpos orgánicos. La película muestra trazos de cuerpos tecnológicos moldeados, originalmente, con fines bélicos (la imagen del soldado perfecto no escapa al desarrollo tecnológico que, según el film, da origen a los cuerpos tecnológicos); el debate que promueve es la convivencia de mutantes y humanos y la confrontación por fuerzas y poderes desiguales hace difícil predecir el resultado de la lucha.

Es cierto que estas fotografías ilustran un mundo imaginario; no es menos cierto que los límites de la biotecnología, y las consecuencias de la misma, en un mundo futuro son inciertos.

Conclusiones

De la antigüedad a la edad media el interés de la indagación intelectual estuvo centrado en el conocimiento de aquello que fue considerado lo más noble y valioso; la modernidad, como contraposición propone como finalidad de la investigación la transformación de la realidad.

En la alternativa del conocer por sí mismo versus el conocer para transformar, la ciencia se presenta como un modelo cognitivo más acorde a los propósitos deseados.

La tecnología, por su parte, puede ser observada en un primer momento como una simple conclusión del quehacer científico; mas luego la tecnología desplazará a la ciencia misma en el objeto de valoraciones epocales. Dicho de otro modo: La tecnología nace como mera aplicación científica; sin embargo más tarde, será la ciencia la que acuda a los requerimientos de la tecnología.

Las promesas que acompañaron al surgimiento de la ciencia moderna y a las transformaciones de la materia no pudieron dejar al margen de sí a la realidad del cuerpo. De este modo el cuerpo aparece, con la materia en general, como una realidad susceptible de ser moldeada y “perfeccionada” por la tecnología. Surgen entonces las industrias del cuerpo; verdaderas maquinarias tecnológicas y económicas al “servicio” de una corporalidad optimizada hasta el límite de lo posible.

Los límites de la tecnología para con el cuerpo nos son aún desconocidos; sólo tenemos trazos imaginarios de lo que un futuro de “cuerpos tecnológicos” podría representar para la vida tal como ya comienza a anunciarse.

Bibliografía

Le Breton, David: Antropología del cuerpo y Modernidad.

Ferrer, Christian: La curva pornográfica.

Piepper, Joseph: El ocio y la vida intelectual.

Guardini, Romano: El fin de los tiempos modernos.

Foucault, Michel: Los cuerpos dóciles.

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