sábado, 21 de noviembre de 2009

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domingo, 15 de noviembre de 2009

BORRADOR DE MANIFIESTO

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Esperando un Manifiesto por el poetizar patagónico.
Aldo Enrici

(AÚN EN ESTADO BORRADOR)

La pregunta por la pertenencia o identidad del arte o de la poesía es muchas veces inicial. No necesita responderse, aunque sí está bien planteado que en la necesidad de distinguirse como área de búsqueda de manifestaciones en torno a la tan independiente historia del lenguaje, el lenguaje poético deba fijar un contexto. No debe ser un fenómeno tan antiguo, sino muy actual, el preguntarse por la identidad de la creación poética en época de identidades autonómicas. Por ejemplo, el arte piamontés se define últimamente por la reunión que se hacía de arte povera que pega figurines sobre papeles, como un arte de pobreza e ignorancia de técnicas de pintura campesina en el siglo XIX. Los actuales artistas piamonteses hacen referencia a aquella saga, valorando la intención de hacer arte con escasos recursos.

La pregunta permanece como pregunta luego de responderse y debatirse de muchas formas. Tal como asistimos a la época de pregunta por la definición del arte, de la física o de la química, también asistimos a la pregunta por la “esseidad” patagónica, término utilizado por Dun Scott –esseidad-, intentando resolver si los universales existen y de qué forma existen en los individuos.

Podría considerarse que Patagonia es un neologismo en tanto no proviene ni del latín, ni del griego, ni del sanscrito, sino que es un vocablo asociado a una imagen, los grandes pies vendados por tira de piel de guanaco, “pata”, y a una idea griega, lucha final, “agonos”. Pero no es preexistente. Un nuevo neologismo referido a la identidad, podría ser “patagoneidad”, esencia o idea recóndita del sentido patagónico. Podria estar cerca de la lectura del poema de Anaximandro. Heidegger hablaba que el disponer o la disposición era un arjé, un principio. Cuando se refiere al pensamiento de Anaximandro Heidegger dice que el arjé como disposición es la acción de impedir el límite. Es decir, para Heidegger lo ilimitado no es una materia física o cósmica como aduce Aristóteles, sino que es la acción de impedir que haya límites. Si se considera esto una disposición como precepto lo que se puede entender es que Anaximandro explica que para toda presencia-presente lo que rige como norma es lo recíproco. Esta es la idea que trasmite Anaximandro, ya que del ser no habla. Heidegger considera que el arjé es el ser del que lo presente viene y adonde va en cuanto tránsito, dice Heidegger que este tránsito es un demorar de la presencia que es tiempo. Digamos que lo ilimitado es el "SE" de la síntesis disyuntiva (preparar-se-O-finalizar-se), el entre o en el caso de Anaximandro que se puede comprender como horizonte a partir del arjé o la acción de impedir el límite como principio poiético del lenguaje.
La actividad poética en ese caso es más que nunca necesaria. Por poético, en este caso, debería entenderse la producción de conceptos nuevos, y de descripción o explicación de problemáticas típicos de lo patagónico. Lo patagónico, por su historia tan asociada a la distancia y a la soledad, permanece y deberá permanecer a la vinculada a la tierra, pero una tierra a la que es difícil arrancarle un mundo. Mundo en términos de Heidegger, esto es un horizonte de sentido, una apertura siempre abierta en la que caben relaciones de todo tipo y que enriquecen un horizonte de sentido. Por un lado las ciencias endurecidas, como la geología o la geografía física, la biología , la química, en el sentido de que sus proposiciones no son invadidas por el contexto, y en ese sentido obran como ciencias impenetrables, dan ejemplos como que el oro es universal, al igual que el agua, o la ley de gravedad, proponen elementos de qué hablar.
Es común hablar de témpanos de hielo, vientos, riqueza minera y petrolera como registro que condiciona todo decir en la Patagonia, ahora nutrida por acontecimientos sociales, o acciones documentables. Podemos hablar sobre “la matanza” basada en la idea de que los originarios no eran humanos sino seres que, en la generación de desarrollo, habían quedado a la altura de la incomprensión del progreso hacia una vida feliz: ilustrada, proveniente del mandato cristiano de que la verdad nos haría felices y la confusión consiguiente de que esa verdad fuera también la verdad científica.
La filosofía y la historia de Latinoamérica, fueron incorporadas al continente por el evangelio aplicado a su manera por italianos, españoles, portugueses. Luego serían acopladas la ciencia francesa que arranca con Descartes y la economía inglesa, cuya única justificación es el ego como testimonio de la acción sin ideas previas, porque las ideas eran flatulencias, o vanas palabras, flatus vocis, según opiniones originadas en nominalistas y puritanos.
Nuestro lenguaje escrito es apenas icónico, totalmente arbitrario, simbólico y elemento de poder aún más agudo que una guerra. Tenemos que vérnosla con una necesidad de declararnos patagonicos de alguna manera, como los armenios, los catalanes, los vanguardistas, perseguidos por la globalización que nos convence de cualquier cosa y la cercanía tecnológica que parece devorar nuestro tiempo enseñándonos el uso de productos nanotecnológicos y la procuración de nuevas amistades. Tecnología que ya utilizamos como si fuera una herramienta que nos renueva la esperanza de ser libres. A diferencia de ellos no nos reune una idea, una nación, sino un vacío, un cierto vacío que nos compete y que no es un vacío geográfico. Es el vacío de la tradición o un vacío propio.

El tema sigue siendo la “patagoneidad” de la creación poética. No es un tema menor, ni aun para los institutos de investigación más magníficos que durante años estudian elementos y asuntos, subsidiados por fondos que provienen de bancos que esperan desarrollar a partir de adelantos nuevas economías o nuevas ideas que proporcionen argumentos siempre favorables al consumo estético.
El arte y la poesía, entendidos o resumidos como lo poético, se van nutriendo de fenómenos que al querer abordarse por tecnologías duras, permanentes, de fondo matemático-contable y empresarial, dejan agujeros científicos donosos. Inmigrantes que vienen a buscar trabajo y que se convierten en terratenientes, empresas mineras y petroleras que o intoxican o ponen en cuestión fenómenos como la contaminación, la calidad de vida, y reviven la honesta tranquilidad de la vida cazadora recolectora de nuestros antepasados. Tan difícil es entonces responder a la patagoneidad que es preferible que la pregunta permanezca.


Lo que puede responderse muy crudamente es que la creatividad poética no tendrá, así, subsidios por mucho tiempo. No se puede trabajar de poeta o de artista a no ser que se asuma que deberemos reconocer la competencia como aparato selectivo que determinará quiénes si y quiénes no trabajarán en el rubro y tendrán sus remuneraciones por escribir.
El dispositivo existe ya, para lo cual es preciso organizar escuelas e institutos de arte que fomenten la formación, la investigación y la producción, vinculados entre sí y a otros institutos que permitan la producción de textos, la enseñanza en la escuela y en la universidad de este proceso. La legitimación de la acción poética tiene una oportunidad por allí, por el academicismo. No habría que negar la crisis que implicaría esta formalización.
No obstante, la actitud fisurada de artistas, la desvalorización del arte, llevado a la nadería, la discusión y competencia, hace que el compromiso prosiga de forma muy nostálgica. Si aquí, en la Patagonia, tenemos poetas que no pueden investigar ni tienen recursos técnicos para generar productos más sostenibles, es que no podemos explicar si es resultado de que no se quiere subir al sistema o de que no se quiere reconocer que estamos subidos al sistema. Con sistema queremos señalar, en este caso, la organización de la investigación más el desarrollo de productos estéticos más investigación, más solidaridad, nuevo nombre con el que se reemplaza a la ciencia: I+D+I+S+(….). Además, no sabemos si estamos hablando de poetas o promotores del arte y la creatividad.
Una fuerza contra epistémica podría acercarse al proceso I+D. Una jerarquización de la poesía y la creación de nuevos recursos de la sensibilidad del lenguaje. Nadie está fuera del sistema a no ser que no hable ni escriba o la prioridad sea alimentarse o creerse Jesucristo. Si no entramos a un navegador y nos arriesgamos a que nos encierren por no tener para un abogado o un psicólogo, o a caer en gestos incomprensibles por no tener para beber un vaso de leche, estaremos fuera, con lo cual, es casi imposible que no estemos dentro. La contra episteme proviene de lo poético de la comprensión de que lo que está planteado como orden del discurso, no es el único orden y que su perduración nos lleva al estanco de la inteligencia creativa. Foucault plantea la episteme como seguridad o como un fenómeno donde las preguntas y las discusiones tienen siempre respuesta porque hay un mundo abierto que termina encerrando toda inquietud en una naturalización de los discursos.
Lo que deberá quedar claro es que no hay que olvidar que el clima poético tiene que comprenderse del otro lado, del lado de las academias, del lado de la crítica literaria. Clifford Geertz trata de sintetizar su compleja teoría de la Antropología como desentrañamiento de las estructuras de significación, pero diferenciando el trabajo de un desciframiento de códigos. Para eso usa un ejemplo. Señala que la tarea de la antropología, en su afán de “ampliar el universo del discurso humano” se asemeja a la del critico literario (Geertz, 1986). Podríamos penalizar a Geertz por hablar de la crítica literaria como si él supiera hacerlo. Suponiendo que no lo haya sabido hacer pero que tuviera una sensación de lo que es la crítica literaria a través de definiciones a las que adhiere, no estaría mal decir que la critica literaria procede como la antropología, según Geertz, en búsqueda de amplitud y de reconocimiento de dolores y dichas. También se vuelve tarea del crítico reconocer los picos del arte para impulsarlos a su reconocimiento como valor social, de modo que la misma responsabilidad es atribuible al crítico. Definitivamente, como modo de reconocimiento, se puede ir más allá del artista. El critico de arte cabe en el mismo compromiso de reconocerse dentro del sistema y le cabe una fracción de responsabilidad social en la definición de la creatividad del lenguaje patagónico.

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  • ah la petulancia de Nietzsche, abusando de su enfermedad para ser inmune
  • AH. LA PETULANCIA DE SOCRATES CUANDO DIJO "SOLO SE QUE NO SE NADA".:LO CORRECTO ES EL ENUNCIADO "EL QUE NO SABE NO LO SABE". SOCRATES ANTICIPÓ A DESCARTES COMETIENDO EL MISMO ERROR, LA MISMA MODESTIA INTELECTUAL, QUE LUEGO DIJO "NO DUDO QUE DUDO". PUEDO DECIR "SOLO DIGO QUE NO HABLO". POR ESO ESTAS JUGADAS DEL LENGUAJE SON MUY LEJANAS Y CONFUNDEN. SOCRATES SABIA Y NO ERA UN SABIO. NO SE PUEDE ESTAR TAN SEGURO DE QUE NO SE SABE, DE QUE SE DUDA, DE QUE SE EMPLEA EL LENGUAJE.
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