lunes, 16 de febrero de 2009

Una lectura sobre un poema de Bustriazo Ortíz

Algunas reflexiones y lecturas sobre la poesía mística en la Patagonia

Un poema de Bustriazo

Leyendo a dos poetas patagónicos como Bustriazo Ortíz y Lola Kiepja me he preguntado si es posible plantear una poesía mística en nuestro campo literario. Tanto en el caso de la poeta chamán de la etnia selk´nam como en el de ghempin de la tradición puelche se dan elementos comunes de la poesía mística de tradición occidental o incluso, oriental. Obviamente tendemos a pensar, cuando nos referimos a poetas místicos, en poetas religiosos pertenecientes a cualquiera de las tres grandes religiones del verbo revelado, como se las suele llamar. Claro que esto es, evidentemente, una naturalización a-crítica.
¿Por qué pensar que alguien perteneciente a una religión alterna (aborígen en este caso) , no pueda “manifestar” sus creencias a través de trances místicos o religiosos?. Voy a tratar de pensar un poco más profundamente acerca del fenómeno de la poesía mística, es decir, aquella poesía que refiere a una cosmovisión religiosa, una teosofía, distinta de la tradición cristana o católica ortodoxa, pero no por eso menos profunda desde sus manifestaciones.
Voy a centrarme en un poema, uno sólo, que me gusta muchísimo, me emociona estéticamente muchísimo, y este poema es mío, perteneciente al libro “Los decimientos” (1972-1973):

agujero celeste del temple madrugado pasan es-
quirlas locas pasan borrachos perros cascotea-
dos enamorados bichos carapachos pasan chicuelas
con ombligos rubios pasa la muerte ni con miel
ni espanto


Para comenzar a analizar este poema debemos esclarecer algunos términos, cuando el “yo lírico” de Bustriazo habla del “agujero celeste del temple madrugado” no está usando una frase bella estéticamente y porque sí, es una frase preñada de sentido porque está atada a la “vivencia” en el más puro sentido filosófico.
El “agujero celeste” funcionaría como una metáfora de una ventana abierta al cielo, al cielo como entidad celeste pero en el sentido escatológico, celeste de celestial; y encadenado a ello, la alusión a la madrugada, a la salida del sol, o al fin de la noche, como metáfora romántica nocturna. Ahora bien, el “temple madrugado”: el temple, o más bien “el temple del diablo” tiene una significación doble y ambigüa en el caso de Bustriazo, por su doble oficio de poeta y ghempin.
En un reportaje que le hizo Andrés Cursaro para el suplemento Confines, del periódico El Extremo Sur de la Patagonia , de septiembre-octubre de 2007, llamado “Bustriazo Ortiz, el aura de un poeta pampeano y universal”, Andrés le pregunta acerca del temple del diablo:

“Varios de tus poemas están fechados en El Temple del Diablo ¿Qué recuerdos tenés de esa peña?
El Temple del Diablo era una peña hermosa, un lugar hermoso. Allí tocaba la guitarra mi querido amigo, el finadito Guillermo Jesús Mareque. A él le enseñó el Temple del Diablo el indígena don Juan Huala. A la peña le pusieron ese nombre por un poema mío.”

Cito el fragmento textualmente, porque en la respuesta de Bustriazo está implícita la segunda significación de El Temple del Diablo. Bustriazo dice que al guitarrista Mareque le enseño “el temple del diablo” el indígena don Juan Huala.
Alguien que conozca un poco de la creencia de la Salamanca y los salamanqueros sabrá que existen personas que han prometido el alma al diablo a cambio de dones y/o talentos extraordinarios, como por ejemplo, ejecutar magistralmente la guitarra.
Supe de un caso de un guitarrista excepcional, un mestizo de apellido Lucero, que vivió en los faldeos de la meseta de Somuncurá, en Río Negro, que dicen, arrojaba la guitarra hacia arriba y se ejecutaba sola; dicen que el tal Lucero era un “salamanquero” y tocaba con el Temple del Diablo, sólo a la noche, cuando no había luz del sol. Existe también un tipo de afinación (obviamente relacionada con lo anterior) llamada Temple del Diablo. Me disculpo por lo extenso de la explicación, pero era absolutamente necesario para relacionar con lo “vivencial” en Bustriazo.
Luego de esta introducción continúa el poema de Bustriazo con una descripción de aquello que ve, el mundo observado circundante, donde las cosas pasan. El verbo pasar funciona como un nexo coordinativo en la descripción: “pasan esquirlas locas pasan borrachos perros cascoteados enamorados bichos carapachos pasan chicuelas con ombligos rubios pasa la muerte ni con miel ni espanto”. Diríamos nosotros que luego, con la luz de la madrugada, una vez huída la magia de la noche, pasan las cosas más cotidianas, las cosan no extraordinarias, pero se semantizan con la visión de la muerte, que pasa, con los perros, con los bichos, con las chicuelas. Lo que nos recuerda Bustriazo (y esto es una lectura sumamente personal) es que la muerte nos acompaña en cada situación ordinaria de la vida; pero claro, para aquel que viene de vivir una situación extraordinaria, llámese de éxtasis o trance místico, esta visión ordinaria adquiere otro valor.
Este poeta, que ya no puede escribir, porque los psiquiatras le “mataron” la inspiración con medicamentos (Bustriazo refiere eso en el mismo reportaje), cuenta su experiencia con la inspiración:

La inspiración bajaba del cielo. Y el vino no tenía nada que ver con eso. Era algo que me venía de arriba, como si Dios me la mandara. Era como si alguien me dictara los poemas y hasta los títulos de los libros.

Como decía antes, este poeta, este “bardo juanllanca”, inconfesado ghempín (hechicero) , que invoca con cierta premura “ordénoles hacer la Magia” (recordemos que los hechiceros o magos de la tradición aborígen la magia se efectúa a través de la palabra, tanto la palabra-verdad, como la palabra-creadora de realidades alternas); nos pinta un mundo sobrenatural y mágico, donde para él, el oficio de poeta se relaciona directamente con la magia, sin ningún tipo de mediación.
Evidentemente para Bustriazo, Dios (o como queramos denominar a lo divino) es cognoscible a través de la revelación, sin la mediación de la religión formalizada, sino a través de la epifanía (como modo de aparición de lo sagrado). La interpretacion meramente literal se desbarranca y se constuye una interpretación “otra”, sobre las ruinas de lo literal.

Claudia Elisabet Sastre- Puerto San Julián- 16 de febrero de 2009

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