miércoles, 18 de febrero de 2009

El poema no se agota en una lectura

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Parte II
El poema no se agota en una lectura
queda retumbando en nuestra mente y sonando en nuestros oídos.
Muchos escritores consideran que los criticos literarios somos algo así como una especie de “destripadores” de poemas (curioso sería que así fuera en mi caso al menos ya que soy además, poeta); lo cierto es que nadie sabe para qué o por qué existe la crítica literaria, pero hay que señalar que de igual modo opina el lego acerca de la poesía -y eso lo sabemos aquellos que hemos pasado por las aulas enseñando literatura-.
Volviendo al tema habrá que conceder que quizás sea correcto pensar que la crítica “destripa” el poema, pero lo hace como quién desmonta un arte-facto peligroso, no para eliminar su aspecto “peligroso” (subversivo, literalmente y en todos los sentidos, diría Rimbaud) sino tal vez para potenciarlo, o en última instancia, para ofrecer un panorama, otro, no único ni definitivo. Suelo pensar que la crítica no es otra cosa que escribir la propia lectura, y nada más. No hay un intento de “entender” porque estaría el supuesto de que hay un inteligible que debiera ser esclarecido, o sometido a un proceso que lo haga accesible. Nada más alejado de la realidad. En el poema no hay nada que deba ser “entendido” desde la razón. Un punto de contacto de la poesía y la fe está dado porque ambas no pueden ser sometidas a las reglas de validación de la razón. O por lo menos de ese tipo de razón. Lo que yo intento con mis lecturas no es ni siquiera “necesario”. Pertenece al orden de la suntuosidad. O del placer. Aquello que Steiner llamaba “digerir” el poema, paladearlo, disfrutarlo con demora, sin prisa. Y cuando la pasíón se presenta, entonces sucede que el poema no se agota en una sola lectura.
En el posteo anterior hablaba del poema “mío” de Juan Carlos Bustriazo Ortíz, y decía que en ese poema, el verbo “pasan” funcionaba como nexo coordinativo de las descripciones que el “yo lírico” de Bustriazo veía (como visión) pasar.
Luego (es decir ahora, para mí) me quedé pensando en algo que no había compartido con ustedes, y que había quedado dentro mío como incógnita, como pregunta. Eso era la extraña versificación de ese poema y su precisa ausencia de puntuación; recordemos el poema:

agujero celeste del temple madrugado pasan es-
quirlas locas pasan borrachos perros cascotea-
dos enamorados bichos carapachos pasan chicuelas
con ombligos rubios pasa la muerte ni con miel ni espanto


Bustriazo es un poeta que maneja excelentemente bien la versificación. Y también la elección del tipo de versificación que va a usar es muy precisa y no es casual. Utiliza frecuentemente el verso racional (o natural) donde la forma del verso y sus cortes acompañan el sentido sintáctico y semántico de la frase; voy a ejemplificar con un poema del Penca Bustriazo que pertenece a Unca Bermeja (1973)

1.
caéme la luna de las derrotas
rómpeme el aire las muchachas
que tengo en las pérfidas sienes
en la derecha costa mirla
bájase otoño de las nieblas
bájate niebla hasta mis muslos (...)


El verso, y la frase que lo engendra, empieza y termina. En otro verso, otra idea, o frase completa. Ahora bien, cuando el sentido continúa en el verso siguiente, se produce un corte (un hiato o corte de respiración) que se llama encabalgamiento. El verso está encabalgado y esto produce un abismo en el sentido, éste vacila como la llama de una vela ante un golpe de aire sorpresivo.
A este tipo de versificación Denise Levertov lo llamó verso reactivo, que tan bien utiliza ella misma y la generación de poetas imaginistas (Wallace Stevens, William Carlos Williams y otros). Ejemplifico con un fragmento de poema donde el recurso es evidente:

CUADRAGÉSIMA CUARTA PALABRA
Bardo Juanllanca nunca digas nada
que allá en el Sur cambiaste tu tierna alma
para ejercer virtud con tu palabra
para engendrarle un brujo a la guitarra
un brujo de oro del quitral de agua
o esa mazorca de brujillas blancas
de cabelleras ennochebrunadas
que te preguntan tuánimaytuánima
tuánimajuanjuantuánimaytuánima?
Allá en Los Berros fue o allá en Campana
Mahuida o no tal vez en La Ventana
tan de curá en curá de rayén de ala?
(...)


Bustriazo utiliza tanto uno como otro tipo de verso con una ductilidad y precisión magníficas, en tanto que cuando utiliza un tercer tipo de verso (o no-verso, luego veremos por qué lo considero así) debemos asumir que sabe muy bien por qué lo hace.
Eso sucede en el caso particular del poema “mío” - y de otros más también, pero ahora nos ocupa éste-.
Llama la atención que Bustriazo no corte el sentido nada más de la frase y la encabalgue, va más allá porque corta la palabra misma -con el recurso del guión- y encabalga la palabra. Al señalarla con el recurso gráfico señala formalmente la deliberación de cortar ahí mismo y no en otro sitio. Y esto por qué sucederá? Antes dije que el poema no tiene puntuación. No tiene comas, no tiene puntos, virtualmente no tiene versos (sino más bien “cortes” obligados por la topografía del papel) y por lo tanto podemos imaginar el poema como un “continuum”que empezara y terminara en la misma línea (o verso). Como si fuera una imagen tan veloz como simultánea (si es que podemos imaginar algo más veloz que una simultaneidad).
Todos recordarán El Aleph de Borges y recordarán que al describirlo o intentar hacerlo, Borges tropieza constantemente con algo que se lo impide. Es la linealidad o secuencialidad del lenguaje. Eso le impide mostrar la simultaneidad de todos los lugares, todos los momentos, el todo en sí mismo comprimido en un sólo momento.
El ghempim, el mago puelche tratará con los recursos formales que le ofrece la poesía y la ausencia de reglas fijas de pintarnos esa simultaneidad (su agujero celeste del temple madrugado) de esa forma.
Y lo hace, nada más ni nada menos que para demostrar que la poesía no se limita por la espacialidad del lenguaje, que las dos dimensiones conocidas por las que se maneja el lenguaje prosaico, son excedidas por el arte del poeta. Y que los límites del lenguaje son, para un poeta de raza, sólo puntos de partida.
Bueno, esto supongo que sigue, o con Bustriazo o con Kiepja, nos seguimos viendo...

Claudia Sastre, Puerto San Julián, 18 de febrero de 2009

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