viernes, 7 de agosto de 2009

estetica de los trabajadores

h-a
Estética de los trabajadores

Progreso y nostalgia en la fotografía de trabajadores de la Patagonia Austral: prolegómenos para la concepción de “tiempo” en cada centenario.


ALDO ENRICI – GRACIELA CISELLI



Objetivo:
Reconocer la vinculación que existe entre las fotografías de trabajadores en la Patagonia Austral,- cuyo conjunto complejo está compuesto por inmigrantes, indígenas, ferrocarriles, máquinas- y la posibilidad de reconocimiento de la concepción del tiempo que se deriva en cada uno de los centenarios.
Metodología. Descripción fotográfica, análisis de contextos culturales. Interpretación
Palabras clave: Foto-trabajo-tiempo-centenarios-Patagonia Austral

Resultados:

Primer centenario.
a-El tiempo como conductor del progreso hacia un momento futuro que no había que desperdiciar: hay que ganarle al detenimiento y a la pesadumbre del pasado.
El futurismo se “asienta” en mostrar a los trabajadores junto a maquinarias y elementos gigantescos, como ciertos artefactos de aspecto fantástico, donde el sentido de ganancia junto al de progreso predomina.

Bicentenario.
b- El tiempo como reunión memorial de espacios sin proyecto de futuro, sino como rescate de la memoria integral del trabajador. El pasado interesa más que el futuro, en cuanto dejó marcas que podrían componer una tradición, lo que se demuestra en la colección, el viaje hacia los elementos antiguos, el rescate de valores solidarios en tanto nostalgia de un residuo histórico. El sentido de pérdida predomina. Hay que rescatar lo que queda porque es un rastro de algo que no pudo aún aprovecharse del todo.


Las fotos relucen enfurecidas de presente. Son fotos presentes del pasado. Se hace presente el pasado como si el tiempo en lugar de pasar quedara.
Con el paso del tiempo el color de la foto, la deslucida foto que parece no tener mucho sentido en el instante, salvo el de ser una mera fábula, se vuelve de un aspecto encendido, como más auténtico y aurático. No queda otra forma de decirlo, la foto se siente mirada, y nos dice lo que guarda. Pierde entonces lo que guarda y abre un mundo (Huberman, 2006).
Fotografiar el Centenario en la Patagonia Austral
La reunión de fotografías de aquellos tiempos originarios nos remite a la necesidad de evocarlas. Puestas así como están esas fotos nos derivan a una nostalgia romántica, del tipo que Holderlin y Novalis nos mostraban acerca de sus vidas caóticas, como elementos inspiradores de una poética, fundante e instauradora de una duración, ampliar con Heidegger. El trabajador es visto como una máquina autómata, un fantasma en la máquina, como si no usara su mente, no es caótico salvo en su cuerpo, retorciéndose, derrumbándose, pero libre de todo metalenguaje hasta que el trabajo se convierte en un tema recurrente, discutido desde la filosofía del materialismo histórico. En el bicentenario no se lo verá en plena actividad, sino reemplazado por “otras máquinas”.

En el primer centenario de la Argentina las fotografías tomadas en la Patagonia Austral abordaron una temática referida a la vida de los trabajadores inmigrantes en vinculación con otros inmigrantes e indígenas y con actividades petroleras, ferroviarias y ganaderas. La explotación extensiva de la ganadería mostraba una creencia en el progreso que, a través de los ferrocarriles, hacía posible la exportación y alejaba cada vez más a estos inmigrantes europeos del pasado patagónico “salvaje” vinculado al mundo indígena. Se mostraba así la categoría de pio-honorario, o “pionero”, que luego sería una calificación de excelencia. Detrás de eso hay una imagen del tiempo. El tiempo como progreso hacia un momento futuro que no había que desperdiciar. El pasado no dura, desaparece, se vacía, dejando lugar a la novedad. En la representación del pasado aparece la idea de la salvación con un secreto acuerdo entre las generaciones pasadas y la nuestra. Hemos sido esperados por esas generaciones que nos prometieron como una generación mesiánica. La verdadera imagen del pasado pasa súbitamente. Solo en la imagen relampagueante de su cognición se deja fijar el pasado. Una imagen del pasado que se desvanece si no se reconoce en ella, (Benjamin, 2007). Como herederos de esa promesa continuamos anunciando una época de llegada de la salvación que ahora practicamos sin memoria, acaso más bien predictivamente. Cada episodio histórico enseña progresivamente el camino.
El lugar otorgado al mundo civilizado europeo se notaba al mostrar orgullosamente las locomotoras y maquinarias, elementos gigantescos, de aspecto fantástico, que prometen un bienestar general. El sentido de ganancia o de evolución predominaba sobre la idea de pesadez del presente, de detenimiento (que Bergson traducirá a duración). El ferrocarril atravesaba la meseta inhóspita con una impetuosa dirección que era no sólo hacia el puerto, por ejemplo en la traslación de fardos desde la colonia de Las Heras hasta el puerto de Deseado, sino en un avance hacia el futuro. Cuya puerta era el puerto.
La fascinación por la argentina.
Entonces resultaba valioso patentar ese viaje al porvenir, un viaje angustiado también, pues no existe un final en el viaje al futuro. Las prensas de enfardar lana, eran la muestra de la evolución, del avance tecnológico que generaría un mayor rendimiento y rapidez. Rapidez traducida en pasar de la lana esquilada a la dispuesta a ser trasladada y en la mayor independencia del hombre ante el trabajo pesado. Prensas patentadas por el alemán Severino Amelung, un descubridor a la manera de un Franklin o de un Edison, que ahorra con un invento, acelerando el tiempo en la búsqueda de independencia del hombre trabajador, que se había declarado en 1810 como un proceso al futuro. En ideas de Lugones se expresa ese deseo: de que es vil quien no piense con orgullo en la colosal Argentina de aquí a cien años” . Lugones buscaba la colosal Argentina, monstruosa y gigantesca, digamos que una Argentina “destinada”. En dicho sentido Argentina se había convertido en una promesa de país descomunal, sin dimensiones posibles. Es la época de las lugonianas odas a los ganados y las mieses. Es el tiempo en que el divino Rubén con una voz cada vez más sumisa, canta que:
“¡Hay en la Tierra una Argentina!
He aquí la región del Dorado,
He aquí el paraíso terrestre,
He aquí la ventura esperada,
He aquí el vellocino de oro...” Dario, (1953,768)

Esta fe también auguraba una esperanza de crecimiento de la libertad, rescatada del pesimismo. El escritor español Grandmontagne, – en 1911- hablaba de fe ardiente y de la cotización de la esperanza en la Argentina del centenario. Como si no se estuviese sobre la realidad presente sino futura. No importaba el presente sino la proyección imaginaria sobre lo irreversible que sucederá, de manera que podíamos estar en una situación que vislumbraba imposibilidad de cambio, pero no existe el presente, sino lo que vendrá, una suerte de paraíso en el que ya se vive, aunque el presente sea infernal.
El escritor y político español Vicente Blasco Ibáñez es interpelado sobre la Argentina del centenario. Allí alude que la historia de la Argentina es la historia de su progreso, subdividida según grandes saltos tecnológicos: el ferrocarril, el fusil Remington, el barco a vapor, el alambrado. Elementos que se ven claramente en la Patagonia Austral. Estos elementos aseguraban ya, y para siempre el triunfo de la civilización. La civilización estaba marcada entonces por la cercanía a Europa, la ventaja bélica respecto al indígena, la división de la tierra determinando la propiedad privada según limites mensurables. Blasco Ibáñez estuvo fascinado por la Argentina. Impetuosas son sus notas sobre el país. Insinúa que el porvenir de la Argentina tiene algo de la inmensidad del infinito, que desorienta y confunde. Invita a imaginar lo que será dentro de cien años, sin dudas, como si no hubiese posibilidad de errar. Incluso imaginar vagamente la grandeza de este país en su tercer centenario, como se entrevé una estrella en lo remoto, un gran astro que alcanzaremos (Blasco Ibáñez, 1910).

En el discurso al Congreso, el Presidente Figueroa Alcorta (1906-1910) contemplaba, en 1910, dos proyectos de ley dignos de atención de los legisladores: el de explotación de los yacimientos de petróleo de Comodoro Rivadavia y la construcción de los ferrocarriles enmarcados en la Ley de Fomento a los Territorios Nacionales de 1908. Desde el mítico descubrimiento en 1907, el petróleo es el nexo privilegiado entre el pasado y el presente, y por ello bien se lo recuerda como impulsor del desarrollo regional. La construcción de la línea ferroviaria implicaba la promesa de conectar la costa con la cordillera. De ese modo, un viajero podría ir sin cambiar de tren desde Buenos Aires hasta el estrecho de Magallanes. No había imposibles, sino posibilidades.
Sin embargo se estaba a cuatro años de la Primera Guerra Mundial y a siete de la Revolución Rusa. Evidentemente no había ojos para ver la crisis que asolaba a Europa.
Sloterdijk y la oveja.
El filósofo Peter Sloterdijk presenta la evolución humana penetrada por la desigualdad y el conocimiento como mecanismo de control que lleva a la división entre los pastores, que han empleado técnicas de amansamiento y domesticación, y el rebaño, condenado a la resignación. Se trata, de una dictadura de expertos en agrupar y aparear seres humanos con el fin de conservar el orden y la pureza de la elite gobernante. El escándalo suscitado por la ya célebre conferencia de Sloterdijk (2000) Conferencia pronunciada en el Castillo de Elmau, Baviera, en julio de 1999 y publicada en Die Zeit ese mismo año donde reclama una revisión genético-técnica de la humanidad. En su planteamiento constata que "las fantasías de selección biopolítica han tomado el relevo de las utopías de justicia". de allí que Sloterdijk al destacar los medios y posibilidades que ofrece la biotecnología, sugiera formular un 'código antropotécnico', dejando abierta la posibilidad a una 'antropotecnología' en la que pueda cambiarse el 'fatalismo del nacimiento' por un 'nacimiento opcional' y una 'selección prenatal'. Reviviendo con ello los fantasmas de los totalitarismos del siglo XX, con sus sueños eugenésicos y ambiciones de poder y control en la selección de seres humanos. Esta nueva ingeniería social aparentemente busca cimentarse en una antropología de cuño neo-darwinista, compatible con cualquier racismo revivido, encontrando sus primeros antecedentes en Platón donde los discursos educativos sobre la comunidad humana parecen apuntar a un parque zoológico.La propuesta obedecería al hecho que éste presenta la educación y la cultura como “técnicas de domesticación” del hombre y no como resultado, una especie de zoológico temático para animales civilizados, donde el hombre es domesticado a la vez que trata de hacer lo mismo con los recién llegados.
El eugenismo, o “hacer nacer” en términos de Foucault, forma parte del pensamiento moderno. Es la base misma del progresismo.
Hay un cuadro del pintor suizo Paul Klee que se llama Angelus Novus. Walter Benjamín dice que en él se representa el ángel de la historia que parece como si estuviese a punto de alejarse de algo espantoso. Ha vuelto el rostro hacia el pasado y no encuentra el pasado, sino que es empujado irremediablemente por un viento. Este viento le empuja irremisiblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso. El cuadro de Klee parece inspirado en un cordero con cuerpo de barrilete. Son elementos que coinciden con la Patagonia.
La idea de que la Patagonia tiene futuro, que no tiene pasado sino una mansedumbre sin mejora que provee el viento al producto del ovino que será llevado a Europa para alimentar y vestir. Pero además el cordero, es el más servil de los animales. El proyecto agroexportador en la Patagonia Austral pone a pensar ya no entre pastores y rebaño sino entre países industriales y en productores de materia prima. Justamente el ovino fue el animal traído a la Patagonia por ser sufrido, requerir de poca agua y pastos duros para sobrevivir. Resulta finalmente un animal “disponible”, que se adapta a la aridez del suelo patagónico y requiere de una tecnología simple para la producción de lana y carne.


Nietzsche también reflexiona acerca de las ovejas. En sus Consideraciones intempestivas, y más en concreto al inicio de la segunda, "De la utilidad y la desventaja del historicismo para la vida", el filósofo alemán pide que nos fijemos en un rebaño de ovejas que supuestamente pace delante de nosotros. Imaginad el rebaño, paciendo eternamente desde ese paraíso perdido que se dio en llamar edad de oro hasta nuestros días, en cualquier prado, de sol a sol, un día sí y otro también, animales que no saben qué significa el ayer ni el hoy, “atado en corto con su placer y dolor al poste del instante y sin conocer, por esta razón, ni la melancolía ni el hastío”.
El hombre, nos dice Nietzsche, a pesar del orgullo de su condición humana, mira envidioso la felicidad animal ajena a cualquier pasión, a la constante relación que impone el mundo, lejos del fracaso y la tristeza. Envidia el hombre al animal pero no quiere tener su vida animal, porque ésta, atada a la inmediatez sólo es olvido- falta de la memoria- que impide siquiera ser consciente no sólo del dolor sino también de la propia felicidad. No hay memoria en esa vida. Por el contrario, señala Nietzsche, “continuamente se desprende una página del libro del tiempo, cae, se va lejos flotando, retorna imprevistamente y se posa en el regazo del hombre”, quien “ha de bregar con la carga cada vez más y más aplastante del pasado, carga que lo abate o lo doblega y obstaculiza su marcha como invisible y oscuro fardo.”
Definitivamente las ovejas y los trenes componen en la fotografía una articulación que solía verse como agroindustrial, que constituye una tecnología de progreso aunque sin secuela de culpa para este tipo de explotación. El progreso marca una ética de avance hacia un mundo mejor y más igualitario. Más carne y lana imponen una posibilidad concreta de que muchos seres coman y se abriguen. No se piensa en el deterioro de la tierra, en la casi imposible recuperación de la tierra. Pero no es una actitud desconsiderada, sino que con la idea de progreso viene la creencia en que todo será solucionado por una endogenia del progreso. Una postura que plantea que pronto habrá una solución si hay un inconveniente.


La fotografía muestra un tren de frente con una excepcional vía que se abre, como una diagonal utilizando una fuga que arrasa con las pilas de fardos de lana, que pacientemente yacen en la meseta. Hay una fuga de humo que sale de la boca de la locomotora, pero no de la chimenea, como si estuviese bufando impaciente a la espera de la salida. Pero como el tren viaja hacia aquí, viene hacia el hoy del fotovidente, no obstante parece escaparse tangencialmente, hacia un destino que no somos nosotros, sino un tiempo que no hemos de alcanzar. Porque lo alcanzado son los fardos de lana, la carreta que trae la lana desde las estancias a la estación se ve en el fondo. Cabe esperar que este tren salido de un lugar como Las Heras en esos tiempos esperara la llegada de otro elemento. Las cosas están preparadas como para que la ganadería y el ferrocarril se vinculen más aún, hasta la llegada futura del petróleo a la historia regional. En ese momento el pozo reemplazaría a la pastura, o daría más ganancia que las pasturas, con un argumento muy efectivo, como es la “profundidad”. Mucho más profundo y más cercano al centro de la tierra era el origen del petróleo. La otra del progreso es que una tecnología es no solo reemplazada sino destruida



Divisar las numerosas torres petroleras es tan emotivo como prevenir un barco español en la época de Magallanes. Paisajes transformados, un nuevo capítulo del paisaje, o un paisaje irrumpido por las torres. Pero son torres queridas, no amenazantes, torres cuyo cotidiano acceso las hace cercanas, afectuosas. Posiblemente el nuevo paisaje de nuestro tiempo, del que hay que empezar a hablar, es el que modificamos, el que alteramos en la búsqueda del progreso.
En 1957, pleno “boom petrolero”, la empresa estatal YPF pensó en levantar un monumento al trabajador de la industria petrolera, solicitando a un escultor la realización de los bocetos. Asimismo se encargó a un joven topógrafo de YPF a estudiar la factibilidad de la ejecución técnica. Finalmente el monumento fue inaugurado el 13 de diciembre de 1969 y está representado por la figura de un hombre que abre una válvula que pone en funcionamiento el pozo. Su torso desnudo muestra la armonía anatómica del hombre trabajador. El frente del monumento mira hacia el norte y la actitud del obrero expresa que la Patagonia entrega al país la riqueza petrolera.





Fotografiar el Bicentenario en la Patagonia Austral
En el Bicentenario de la Argentina las fotografías abordan una temática distinta. La imagen se acerca a otro concepto de tiempo. El tiempo como reunión de espacios culturales sin proyecto futuro sino como rescate de la memoria. El pasado interesa más que el futuro, lo que se demuestra en la lógica de la colección, el museo, el viaje hacia los elementos antiguos, el rescate de valores. El sentido de pérdida es el más predominante. Hay que rescatar lo que queda porque es un rastro de algo que no pudo aprovecharse del todo. El calentamiento global es aun solucionable, existe una esperanza en torcer el futuro, pero ahora hay que extraer conocimientos de otros tiempos, más sensibles y menos científicos. La gran iniciativa es curar el futuro con sabidurías olvidadas o descartadas por la soberbia progresista.
Las actuales producciones artísticas trátanse, más bien, de: “instalaciones, performaciones, posproducciones” –o formas de im-poner, de montar o instalar el ente tecnológico en alguna fracción. Las producciones del arte aparecen provisoriamente con el carácter de la “disposición”, de un prepararse, tomar medidas (Vor-richtung) del ente a ser dominado, cuyo mecanismo se haya montado de antemano sobre una transgresión planificada, factible de hacerse, y cuyo mecanismo, por su parte, no debiera jamás asomar como tal, sino ser expuesto. El Ser “incrustado pero “orgánico” en el “paisaje de la Patagonia Austral, en las necesidades y en las medidas de orden público, de orden cultural, o en la intervención de un espacio político-temporal. Así, la extracción petrolera se inscribe en un hombre sustentable, como su prótesis que extrae del barro bíblico de la memoria de la tierra su recuerdo de una manera razonada desde el presente. En términos de memoria, se recupera la memoria de la tierra extrayendo los recuerdos de lo orgánico, aunque sin comprometer a las futuras generaciones de los hombres quitándoles el total de ese recuerdo mediante una repetición incesante, e incalculable, adueñándose de una contabilidad futura. El petróleo se extrae de la memoria de la tierra pero no es cuestión de quedarnos sin esa memoria


Para Benjamin, todo documento de la historia, y de la cultura, constituye un documento de la barbarie,Burguer las estatuas aladas que representan las victorias de los países, están representando la realidad de la guerra, el horror de la batalla, las luchas entre los seres humanos. Las espléndidas figuras de las diosas o ángeles de la victoria, coronadas con laurel, enmascaran los horrores de la guerra, las muertes que cada victoria conlleva.
El considerar los acontecimientos de la historia a modo de documentos culturales y de documentos de barbarie al mismo tiempo, ha llevado a los filósofos, de principios y de finales del siglo XX, a reflexionar sobre esa doble perspectiva aplicada a los hechos históricos. Los artistas comienzan a trabajar con las texturas de los materiales, usan brea, trozos de plomo, arena, hierbas secas, haciendo que las pinturas, por ejemplo, parezcan manuscritos, que en ellas se perciban las huellas de los trazos del pasado. Son los restos de una civilización lo que representan esos materiales. El observador de estas obras no se vale tan sólo de su sensibilidad cuando contempla la obra, sino que requiere de un conocimiento cultural, indispensable para entender o, al menos, descubrir, los mensajes que el artista esconde, sin querer, en esa escritura. Los objetos adquieren otra dimensión temporal, simbolizan la vida y la muerte, y se muestran como metáforas.
El pasado accede a través de la memoria para resolver el enigma de hacer presente lo ausente, como acto de rememoración y reconocimiento posterior. Reconocer algo es aceptar la sobrevivencia de una impresión pasada. Hay dos memorias: la memoria-hábito que es simplemente actuada y carece de reconocimiento explícito y la memoria-rememoración que funciona con reconocimiento declarado, asegurando que un recuerdo puro puede acceder a la existencia comparable a la de las cosas exteriores cuando no las percibimos. El recuerdo puro sale de su estado virtual y pasa a su estado actual aunque nuestro recuerdo permanece atado al pasado por sus raíces profundas con impotencia radical que se conserva en estado latente (Ricoeur,2000). Es decir que la memoria sobrevive pero no como un espacio, como una biblioteca, como un almacén, como un depósito sino a la manera de un cono invertido como alude Bergson para hacer visualizar de alguna forma a sus lectores. La base del cono es la totalidad de los recuerdos. El extremo opuesto es el contacto puntual con el plano de la acción, donde se actúa, una memoria-hábito, un presente que pasa sin cesar. Hay que romper mediante un salto el círculo de la tensión a la vida para entregarse al recuerdo en una especie de estado de sueño, como en el caso literario, de la literatura de la melancolía, de la nostalgia que en más de una ocasión reconoce tanto en Proust (En busca de un tiempo perdido) o en Borges (Funes el memorioso).
El pasado sobrevive y dura en la rememoración por la cual se hace acceder el recuerdo a un contacto de significación nuevo que permite construir el presente a la luz de una actitud rememorante del pasado como una anterioridad que preserva lo presente y le otorga significado. De lo contrario el presente sería pasajero e inconsciente y no significativo.

La Gente está fotografiando una rareza natural, desde un balcón semejante a un teatro épico, desde donde percibir un acontecimiento fundante. El viaje explorador prospera y deviene en viaje turístico, un viaje que va del relajo a la preocupación. El viaje inmigrante, para hacerse de un futuro económico, deviene en el viaje hacia un interior, aunque no en el sentido de interior atrasado y pobre del país, frente a las ciudades centrales, sino de un interior más genuino y menos dependiente de lo que ocurre en el resto del planeta.
Frente a la gigantesca imagen natural se olvidan cosas que en ese momento son consideradas menores y se hace memoria de lo no vivido. Es así posible imaginarse sin vida ante los milenarios hielos del glaciar que son los realmente sobrevivientes como sobre vivientes a la humanidad.
Nadie piensa que los hombres sean buenos, Incluso pensar en el hombre como un ser malo hace del hombre algo malo. En todo caso el hombre es miserable, mezquino o ingenuo. Pero no hay bondad en el hombre sino un proyecto inconcluso, fallado, desacertado de centralidad. Hasta ha llegado a la locura de creerse un ser bueno capaz de recapacitar su bestialidad ante el planeta.
Es plenamente eficaz reconocer que lo olvidado es la memoria. Lo olvidado no tiene que ver con el olvido en tanto que lo precisamente olvidado es el acto de hacer memoria, de hacer una memoria comprometida de lo intangible. Hacer tangible lo intangible, crear un hecho cultural, que pueda visitarse. Se podrá visitar nostálgicamente lo que ocurre con los resultados del progreso.
El progreso tiene una memoria que hay que hacer sobrevivir, es decir, el progreso ya es un pasado en el bicentenario. Un pasado que visitamos fotográficamente. Pero para que ese registro fotográfico sea real, hay que haber estado, haberse desplazado, hacia ese lugar como turista, aunque tomando el sentido de turista en un modo de viajero esforzado por captar interiores. La supervivencia del recuerdo equivaldría al olvido. “En nombre de la impotencia, de la inconsciencia, de la existencia, reconocida en el recuerdo, en la condición de lo virtual. No se trata pues del olvido que la materialidad pone en nosotros, el olvido por supresión y borrado de las huellas, sino del olvido que podemos llamar de reserva o de recurso” (Ricoeur, 2000: 563).



Aquí no se ven los trabajadores, se ven máquinas, en función autómata, un tropismo de lo robótico, y un escondite de la mercancía. No se puede hablar de hombres y productos, por esto lo sustentable es aplicado actualmente a toda actividad laboral como posibilidad de no dejar rastro de miserabilidad en las generaciones posteriores. De hecho aquí la sustentabilidad esta en mantenimiento: el barco sostiene un quinche que levanta cajas traídas por caminos depositadas en montacargas. Un ocultamiento de algo, pero de qué sino de un hombre interior, de un aura del hombre flotando como flota el barco carguero de contenedores, un hombre que contiene a su copia y que no contiene al hombre mismo. El hombre en el interior lleva su copia fiel, una trama muy particular de espacio y tiempo. Irrepetible aparición de una lejanía por cerca que esta pueda estar. Hacer las cosas a nosotros mismos es una superación de lo irrepetible. (Benjamin, 2007). La necesidad de adueñarse del objeto en la proximidad más cercana lleva al interior del hombre. Su objeto no es un objeto cualquiera, es valorado.

Cualquier objeto de la historia que ha sido recuperado a semejanza como imagen del hombre, como duplicado con valor. El duplicado de un ser interior que ya no se ve como se viera en otra oportunidad expuesto a ser fotografiado frontalmente. También el hombre patagónico austral ha devenido alguien que no desea que su alma sea “robada” por una fotografía sino que hace sus duplicados, genera una arqueología contemporánea. En la fotografía del barco no se ve al ser humano, se ve el trabajo de las máquinas y entonces es posible que su alma esté en el agua que suspende al barco, más espiritualmente en las vías que no suspenden ya ninguna locomotora que viaja al futuro. La locomotora ahora está en vuelo llevada por el huracán de la historia., en fuga hacia atrás. Se busca lo olvidado para reconstruir la memoria propia.



Bibliografía consultada
BENJAMIN, Walter (2007) Conceptos de filosofía de la historia, Terramar.
BLASCO IBAÑEZ, Vicente (1910) Argentina y sus grandezas. Pps 303-314. Madrid. Citado en Nuestro siglo, Buenos Aires, Hispamérica, tomo III, 1984.
DARIO, Rubén (1953), Obras Poéticas Completas, Buenos Aires, El Ateneo.
DELEUZE, Gilles (1988). Mil Mesetas: Capitalismo y esquizofrenia. Valencie: Pre-textos.
BLASCO IBAÑEZ, Vicente (1910). Argentina y sus grandezas. Madrid: Española-americana.
GEERTZ, Clifford (2000). La interpretación de las culturas. Gedisa, Barcelona, 2000.
HUBERMAN, Georges (2006) Ante el tiempo: Historia del arte y anacronismo de las imágenes. Buenos Aires, Adriana Hidalgo editora. Original en francés: Devant le temps Histoire de l’art et anachronisme des images. Les Editions de Minuit
MABRAGAÑA, H (1910) Los Mensajes. Historia del desenvolvimiento de la Nación Argentina redactado cronológicamente por sus gobernantes (1810-1910).
RICOEUR, Paul (2000) La memoria, la historia y el olvido, Pps. 531-581. Fondo de Cultura Económico.
SLOTERDIJK, P.: El desprecio de las masas. Ensayo sobre las luchas culturales de la sociedad moderna. Valencia, Pre-Textos, 2002.
ZIZEK, Slavoj (2006). Visión de Paralaje. Fondo de Cultura Económica

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Ideas y pensamientos

  • aaah: que esto se convierta en red, sin propietarios. Por eso amigos de Google, MSN, Facebook, estamos a un paso del sueño de Marx. Solo falta que renuncien a la propiedad del aire.
  • ah la petulancia de Nietzsche, abusando de su enfermedad para ser inmune
  • AH. LA PETULANCIA DE SOCRATES CUANDO DIJO "SOLO SE QUE NO SE NADA".:LO CORRECTO ES EL ENUNCIADO "EL QUE NO SABE NO LO SABE". SOCRATES ANTICIPÓ A DESCARTES COMETIENDO EL MISMO ERROR, LA MISMA MODESTIA INTELECTUAL, QUE LUEGO DIJO "NO DUDO QUE DUDO". PUEDO DECIR "SOLO DIGO QUE NO HABLO". POR ESO ESTAS JUGADAS DEL LENGUAJE SON MUY LEJANAS Y CONFUNDEN. SOCRATES SABIA Y NO ERA UN SABIO. NO SE PUEDE ESTAR TAN SEGURO DE QUE NO SE SABE, DE QUE SE DUDA, DE QUE SE EMPLEA EL LENGUAJE.
  • basta de mirar las ilusiones
  • cuando mas se persigue algo mas se depende
  • LA TRAGEDIA INVOLUCRA AL AUTOR
  • LA VERDAD NO ES UNA PERO DEBE SER ALGO
  • solo se ama a los hijos como se debe amar a una mujer
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