martes, 15 de septiembre de 2009

Postimpresionismo, hermenéutica foucaulteana y el “Angelus novus” Palma, Paula y Olivares, Cecilia.


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En el siguiente trabajo nos proponemos explicar cuál es la vinculación entre los siguientes elementos: el movimiento estético postimpresionista, la hermenéutica que propone Michel Foucault en su conferencia Nietzsche, Freud, Marx y la pintura de Paul Klee, el “Ángel de la historia”. Comenzaremos por plantearnos los objetivos del trabajo:
• reconocer las características claves de cada uno de los fenómenos antes mencionados;
• establecer un vinculo entre la obra de arte de Klee y la filosofía benjaminiana;
• relacionar estos tres elementos a partir de la idea de “ruptura” del discurso Moderno y la incipiente aparición de una hermenéutica moderna y una crítica postmoderna.
La metodología que utilizaremos para abordar el problema de la vinculación entre estas manifestaciones artísticas y la hermenéutica será la lectura interpretativa y explicativa de los diferentes textos y del cuadro de Paul Klee.
El postimpresionismo supone una ruptura y una superación del movimiento anterior, de donde surge su nombre: el impresionismo. Éste buscaba captar la luz natural, por sobre todas las cosas. En ese afán, los demás elementos del cuadro como las formas, los trazos, el volumen, el sentido del espacio, etc. quedaron desplazados. A fines del siglo XIX y principios del XX, y tomando como punto de parida las innovaciones del impresionismo, surge un grupo generacional heterogéneo que se caracteriza por recuperar la formas geométricas a través de pequeñas pinceladas y contornos marcados por cambios de colores no complementarios que producen tonalidades impuras. La mezcla de color y luces es la característica estética más relevante.
Paul Signac, uno de los pintores que se inscribe entre los precursores del nuevo impresionismo, propone en uno de sus ensayos de 1899 las reglas del movimiento, que sintetizan el espíritu del mismo. Cito:
“El artista postimpresionista no dibuja puntos, más bien divide. Dividir quiere decir garantizar los beneficios de la luminosidad, del color y de la armonía con: 1° la mezcla óptica de los pigmentos puros exclusivamente (de todas las tonalidades del espectro solar y de todos los colores); 2° la separación de los distintos elementos (colores locales, color de la iluminación, sus reacciones, etc.); 3° el equilibrio entre estos elementos y su proporción (según las leyes de contraste, del esfumado y de la irradiación); 4° escoger una pincelada proporcional a las medidas del cuadro, porque la pincelada dividida es tan sólo uno de los infinitos elementos de color cuyo conjunto compondrá el cuadro (…) Las sensaciones tristes o alegres, los efectos de calma o de movimiento no se obtendrán por medio del virtuosismo de las pinceladas, sino mediante la combinación de los colores, de las tonalidades y de las líneas correspondientes”
El impresionismo implica una primera ruptura con el arte que le precede: sale del “taller” a la naturaleza. Esta salida simboliza un primer paso del divorcio del arte de la ciencia , pues los artistas tratan de recuperar las impresiones que reciben de la naturaleza, sin mediaciones. Con esta actitud se ganan el mote de “paisajistas”. El arrancar a los artistas de los aterieres y volcarlos a la calle, al paisaje, implicó la desalinización del arte, la salida experimental al mundo, la contemplación de la vida tal cual es, con sus burdeles, sus tempestades, sus campos de trigo y sus sillas de paja verde. Más adelante, los postimpresionistas incorporan a sus obras la expresión emocional propia del autor y esto representa el comienzo del “arte como interpretación”. Los artistas caen en la cuenta de que ya no representan la realidad, sino que la reinventan a través de sus emociones y experiencias. Entonces, son los postimpresionistas quienes conquistan nuevas libertades para el arte y de quienes los movimientos posteriores hasta las vanguardias serán deudores .
Con respecto a la idea de “arte como interpretación”, cabe en este momento introducirnos en el texto Nietzsche, Freud y Marx . En él, Michel Foucault aborda las técnicas de interpretación de dichos pensadores, y los erige como fundadores de la hermenéutica moderna. El autor comienza describiendo la hermenéutica tradicional, la cual, desde la época clásica se basaba en dos sospechas: 1)“el lenguaje no siempre dice exactamente lo que dice” -un sentido mas fuerte y esencial se oculta debajo del manifiesto- 2)“el lenguaje desborda su forma propiamente verbal, y que hay muchas otras cosas en el mundo que hablan y que no son lenguaje” . La hermenéutica del renacimiento no logró despegare de estos supuestos y sus técnicas interpretativas reposaron sobre la “semejanza”, que prueba la benevolencia de Dios. Ahora bien, Nietzsche, Freud y Marx lograron violentar la ley de los modos de interpretación establecidos, cambiando la naturaleza del signo, y sobreponiéndolos en una dimensión de profundidad -que no debe ser entendida como interioridad, sino por el contrario, como exterioridad-. Dar profundidad a los signos implica reconocer que no tienen ni tuvieron originariamente contenidos reales que esperen ser develados, porque no son otra cosa que interpretaciones. De manera que la interpretación precede al signo, y éste no es benévolo, pues impone interpretaciones violentas: la de las clases dominantes. Al rechazar la idea de origen, estos tres hombres consiguieron que a partir del siglo XIX la interpretación sea una tarea infinita, porque no hay nada que interpretar que en el fondo no sea ya interpretación.
Foucault ejemplifica como estos tres grandes pensadores no han hecho otra cosa que “interpretar interpretaciones”, ya que intervinieron construcciones simbólicas para desnaturalizarlas. Convirtieron a las interpretaciones en acciones políticas combativas en el ámbito de la cultura, violentando aquellas interpretaciones mediante las cuales las sociedades se explican las cuestiones últimas, y ya no buscando su transparencia originaria, sino denunciándolas como artificios.
Por su parte los artistas finiseculares emprendieron un camino análogo. Tradicionalmente y casi hasta finales el siglo XIX, los artistas representaban los valores de la burguesía en su atelier, como ya hemos mencionado. El virtuosismo y la calidad del realismo estaban al servicio de plasmar el status social de quien encargara la obra. Son los artistas impresionistas y postimpresionistas quienes revolucionan el arte y logran rescatarlo del papel de mercenario: el arte cae en la cuenta de que la obra nunca es reflejo, sino reinvención de un referente o signo percibido por el artista. Prueba de este razonamiento es la siguiente frase de Chevreul, quien en 1864 dijo: “las Bellas Artes proponen sólo abstracciones, incluso cuando introducen una obra que aparentemente reproduce una imagen concreta” . Este descubrimiento significó el comienzo de la interpretación en el arte al que ya nos referimos. De ahí el papel protagónico que tomarán las sensaciones del artista en el expresionismo, y aquel primitivismo que profesarán los artistas de la época, como intento de reavivar los instintos. El imperio del color comienza a ser el mejor modo de plasmar las subjetividades y Van Gogh profetiza “el nuevo artista debe ser un colorista”. Gradualmente las formas y el color se descomponen, dejan de ser fieles a lo visible, y comienzan a serlo a las emociones del artista. Se abandona el convencionalismo de la perspectiva y se comienza a revelar las impurezas de la ejecución. Gauguin, entre otros, se pierde en la hermenéutica tradicional y dedica su vida a la búsqueda afanosa de una verdad original que presupone oculta por la cultura occidental. Pero otros artistas tienen la única consigna de no aceptar la realidad tal cual es presentada. Aquí podemos situar a Klee y su cuadro “Angelus Novus”.
En este cuadro apreciamos una imagen en primer plano de un ave, con facciones humanizadas, que mira de frente -hacia el público- con una expresión en sus ojos de sorpresa y contemplación. Los trazos son limpios y geométricos. La técnica es el uso de la acuarela, que permite lograr una imagen borrosa que remite a los efectos visuales del viento. El tono es uno solo, sin contrastes de color. El movimiento del ave y el volumen de su cuerpo están logrados por trazos puros de color negro. La forma está simplificada, descompuesta en sus propios trazos, dejando ver ciertas impurezas propias del proceso de creación y ejecución del artista.
En general, las características más destacadas de la obra de Klee son el dominio del color y el componente gráfico, que se aúnan en pictogramas que guardan similitud con los jeroglíficos. Predomina lo lineal y gráfico, constituido por aguafuertes y pinturas sobre vidrio que suelen presentar seres fantásticos y figuras deformadas de modo caricaturesco y expresionista. Se percibe en sus creaciones, como en la de otros artistas contemporáneos, la manifestación de cierta hostilidad propia de sus tiempos. Esta obra, si bien pertenece al expresionismo, ya tiene una tendencia muy marcada de lo que luego será el cubismo.
Ahora bien, en cuanto a los significados que podemos atribuirle al “Angelus Novus”, no podemos dejar pasar la lectura que ha hecho Walter Benjamin de ella, en su Tesis de filosofía de la Historia. Cito:
“Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En él se representa a un ángel que parece como si estuviese a punto de alejarse de algo que le tiene pasmado. Sus ojos están desmesuradamente abiertos, la boca abierta y extendidas las alas. Y este deberá ser el aspecto del ángel de la historia. Ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, él ve una catástrofe única que amontona incansablemente ruina sobre ruina, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero desde el paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irreteniblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso”
La abundancia de metáforas y preceptos tomados de la Torá, tales como el apocalipsis, la revelación, la redención y el mesianismo, le permitieron a Benjamin ver en la acuarela de Klee al ángel de la historia: “Dios crea a cada instante un número infinito de ángeles, cuyo único propósito, antes de disolverse en la nada, es cantar por un instante Su Gloria delante del trono”. Esta idea extraída por el filósofo del apocalipsis judío, desde su mirada secularizada, le permitieron concluir que el ángel de la historia es uno de los tantos ángeles de Dios, que corresponde al lado oculto del ser humano desde su nacimiento y cuyo nombre secreto canta ante el trono divino antes de desaparecer. De este modo, el ángel hace partícipe al hombre de la catástrofe del pasado y también de la esperanza en el futuro, momento donde llegará el mesías y por ende la redención. Este último concepto implica restaurar un nuevo orden después del caos. La restauración mesiánica anunciada por el ángel es la “memoria”, el rescate de las cosas -la historia en este caso- del olvido, que a la vez conjuga lo místico con lo racional.
Para Benjamin, y a la luz de lo ya mencionado, la historia y su idea de progreso lineal, es “el curso de lo profano, el mundo de lo necesario y la opresión”. En cambio, lo divino “es libre y también humano”. Entonces, la redención de los hombres en el juicio final es la metáfora para la revolución de clases del proletariado, clase cuyo deber es pensar la historia hacia atrás, a “contrapelo”, y romper la imagen de los antepasados oprimidos, para resignificar el ideal de los descendientes libres. Este hombre debe ser capaz de reconocer las insuficiencias del presente, antes de desaparecer en el futuro. Insuficiencias originadas en un pasado irremediable que proyecta la representación discursiva del opresor/oprimido. A partir de este ejercicio, conjugado entre historia crítica e historia monumental, el hombre-obrero puede operar un cambio verdadero: la revolución social.
En conclusión, el ángel de la Historia desenmascara el carácter narrativo de la modernidad. La fe en el irrefrenable progreso no es más que una promesa incumplida que no logró revelar ni remotamente una realidad sobradamente superior a su relato, plagada de los horrores de un modo de producción capitalista y un modo de vida alienante, y de una técnica cuyo principal avance se suscitó en la industria armamentística ampliando los ejércitos y los campos de batalla hasta desencadenar una primera guerra mundial –lindante al contexto de producción del ángel de la historia-.
Del mismo modo que Marx, interpreta y desenmascara la interpretación burguesa de la sociedad, Freud los relatos de los pacientes, y Nietzsche el discurso de occidente sobre la moral, Klee interpreta la narrativa de la modernidad en el rostro estupefacto del pájaro que mira al pasado mientras se lo lleva el viento, en un mundo-corral desencantado por la muerte de dios.
El viento lo arrastra a un futuro al que no puede ver, porque ha llegado al punto en el que la modernidad se somete a juicio, desnuda las contradicciones pero no puede pasar a algo nuevo: he aquí la dialéctica en suspenso de Benjamin. El hombre queda anclado entre el pasado y el futuro, en un presente, momento de reflexión filosófica. Escudriña el pasado… ¿que discursos, que interpretaciones silenció el progreso? Urge la necesidad de volver la mirada al pasado y ver lo periférico. Este es el posmodernismo, no superación de lo moderno, sino su interpretación crítica en un tiempo circular, antagónico a un tiempo lineal de la dialéctica.






















Bibliografía:

• Benjamin, Walter. Tesis de filosofía de la historia. (1940) Traducción de Aguirre, Jesús. Ed. Taurus, Madrid, 1973 en www.caosmosis.acracia.net

• Foucault, Michel. Nietzsche, Freud, Marx. Ed. El cielo por asalto, Bs. As.

• González, Ana. “Más allá de la pintura: Paul Klee y Walter Benjamin unidos por el ángel de la historia” en www.mundofilosofía.portalmundos.com

• Gualdoni, Flaminio. Art, todos los movimientos. “Postimpresionismo”. Ed. Skira, Milán, 2008.

• Klee, Paul. “Angelus Novus”, 1921.

• Klee, Paul. Wikipedia. Enciclopedia Virtual. 2009

• Shirley Florencia de la Campa. “Walter Benjamin y el ángel de la historia”, en la revista virtual Topodrilo, sociedad, ciencia, arte. www.izt.uam.mx

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  • aaah: que esto se convierta en red, sin propietarios. Por eso amigos de Google, MSN, Facebook, estamos a un paso del sueño de Marx. Solo falta que renuncien a la propiedad del aire.
  • ah la petulancia de Nietzsche, abusando de su enfermedad para ser inmune
  • AH. LA PETULANCIA DE SOCRATES CUANDO DIJO "SOLO SE QUE NO SE NADA".:LO CORRECTO ES EL ENUNCIADO "EL QUE NO SABE NO LO SABE". SOCRATES ANTICIPÓ A DESCARTES COMETIENDO EL MISMO ERROR, LA MISMA MODESTIA INTELECTUAL, QUE LUEGO DIJO "NO DUDO QUE DUDO". PUEDO DECIR "SOLO DIGO QUE NO HABLO". POR ESO ESTAS JUGADAS DEL LENGUAJE SON MUY LEJANAS Y CONFUNDEN. SOCRATES SABIA Y NO ERA UN SABIO. NO SE PUEDE ESTAR TAN SEGURO DE QUE NO SE SABE, DE QUE SE DUDA, DE QUE SE EMPLEA EL LENGUAJE.
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