sábado, 26 de diciembre de 2009

Sloterdijk y Rosenzweig; El estético despliegue del sí-mismo


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Sloterdijk y Rosenzweig; El estético despliegue del sí-mismo
José Luiz Bueno *











Resumen

El pensamiento estético filosófico sigue mostrando su importancia en el ámbito del pensamiento contemporáneo, como productor de conocimiento, como generador de categorías necesarias al pensar investigativo. Intentaremos reconocer esta presencia y fuerza en dos pensadores alemanes cuyas obras han tenido un impacto filosófico profundo particularmente en el dominio de la estética.

Traducción del portugues.


Palabras Claves:

Esfera, estética, habitabilidad, individuo, arte, identidad, metafísica, música, mundo, metafórica, visibilidad.



¿Una filosofía visual?


“Vivir es crear esferas” es la idea fundamental de la metafórica antropológico-filosófica de Peter Sloterdijk. El problema antropologico fundamental no es es el tiempo, sino el de su habitabilidad y cobijo, esto es, el del espacio que habita y hacia los que se desplaza.



Como lo hace notar el profesor Vásquez Rocca en una serie de artículos1 dedicados al filosofo alemán, “… estamos, o si se quiere, somos, en burbujas, esferas, incubadoras, invernaderos, donde el hombre se construye, se protege, cambia”2.

Particularmente en su obra monumental, Esferas, obra en tres largos volúmenes, Sloterdijk hace ver que el intento de criar relaciones amorosas, el intento de hacer comunidades, o sea, de conformar el mundo en esferas, es el esfuerzo de compensar las emociones escindidas desde cuando estalló la primera esfera, aquella de la relación intrauterina del hombre en cuanto él habitaba el seno materno3.

Además de esta primera esfera que se estalla, cuando el individuo se halla en un mundo donde la religión o los sistemas metafísicos de la totalidad no más ofrecen un techo bajo el cual el hombre pueda vivir con el sentimiento de seguridad, es cuando él se siente desubicado, desprotegido, sin techo, en una helada cósmica.

Los sistemas telecomunicativos, la tecnología, las redes computacionales con susposibilidades de comunicación instantánea que conforman un “espacio virtual”, que exactamente ofrece el status de un espacio sin distancias, que acerca todo lo que es lejano, que simplemente no considera el tiempo, son los repuestos que van conformando un techo artificial, armado y compuesto de trozos aleatorios que intentan poner al hombre bajo algún cobijo, bajo un modelo de protección, de inmunidad. Como lo expone Vásquez Rocca:

“La vida humana se autoorganiza siempre criando espacios protegidos e inmunes, del protoplasma a la vida intrauterina, del afianzamiento del hombre en su identidad a la conformación de sus espacios íntimos, sus casas, sus ciudades y sus espacios metafísicos e imaginarios”4.

Es decir, según el análisis de Sloterdijk, lo que realmente importa es examinar las catástrofes que resultan cuando estalla una esfera.

En su libro En el mismo barco5, Sloterdijk propone una imagen en forma de un largo fresco histórico en el cual muestra el desarrollo de la humanidad primordial con sus comunidades humanas en forma de pequeñas hordas de colectores-cazadores en las cuales sus miembros se reconocen tras el uso de sonidos y ritmos y como seres de horda se reconocen como participantes de una esencia de horda.

Las antiguas sociedades son presentadas bajo la imagen de un “globo psíquico, una bola sonora” en el cual “corresponderse mutuamente, en este caso pertenecer al mismo grupo, en efecto, no significa de entrada más que escucharse juntos”6.

Este carácter cambia cuando se trata de una sociedad agraria, de grupos más largos, que se constituyen en imperios, los cuales más recientemente se deshicieron pero se reagruparan como unidades políticas que, sin embargo, fueran engolfadas por los nuevos sistemas de grandes empresas y sistemas de telecomunicación de masa y de conectividad individual a través de las grandes redes informáticas.

Pero, esta última fase no es en realidad ya un tiempo de totalidad, sino, al contrario, es un momento más de gran fragmentación en las estructuras de significado, a través de la cual cada individuo va en búsqueda de alternativas para huir de la fragmentación exterior hacia su mundo interior, desconectado de todo el afuera, a través del recurso de la música y de los auriculares portátiles. Su mundo ahora tiende hacia dentro puesto que afuera no hay cobijo para él. La huida del mundo colectivo hacia el mundo de solitud individual es la marca del tiempo de la intemperie, de la falta de techo.

La sociedad industrial y la democracia en el mundo del consumo han llevado a un nivel de individualismo sin precedentes. El superhombre nietzscheano es en verdad “el último hombre, el hombre sin retorno”7. Es un tipo de hombre ya tan volcado sobre sí mismo que no engendra una descendencia como reproducción sino que reproduce o engendra un nuevo en el cual no se ve su sí-mismo preservado.Dice Sloterdijk que “individuos de ese tipo son, según se comprenden a sí mismos y aún más según el proceso generativo, tanto nuevos como últimos”8.El individuo de la sociedad sin techo, sin cobijo, bajo la helada cósmica, que huye en intervalos intermitentes de tiempo hacia su cobijo interior, es “el individuo individualizado hasta el extremo (el cual) quiere la vivencia que se recompensa a sí misma”9.

El pronóstico de Sloterdijk para esta sociedad, si se queda en este camino sin vuelta, es que no se tiene un futuro en vista. “Poco a poco se comprende que la actual way of life y el largo plazo son, estrictamente, dos magnitudes que se excluyen mutuamente”10. El hombre huido, volcado sobre sí mismo, que se refugia en su interior mundo acósmico, que no reconoce ningún primado en la reproducción, vive ahora el carácter máximo de la sociedad del industrialismo: “… el entero sistema está enraizado en la ideología de una productividadno reproductiva – lo que viene a ser una variante económica del diagnóstico de nihilismo”.

La descripción visual que el lenguaje metafórico de Sloterdijk haz, principalmente en su obra Esferas, llega al punto de proponer la imagen de espumas para la fase en la cual nos encontramos. Mas Vásquez Rocca nos advierte que en esta imagen agradable y casi lúdica ocultase una situación de extrema fragilidad: “La primera consecuencia de esta imagen de la espuma aplicada a la descripción del espacio humano es la ruptura de toda representación de totalidad, con las consecuencias sociológicas y políticas correspondientes.”11





¿Somos islas?


“La filosofía cuajada eninstitución nunca pudo entender en absoluto que existen, realmente, los individuos”12. En su permanente esfuerzo de comprender el hombre, esta dificultad de la filosofía ha llegado hasta su vértice con el idealismo y su intento de una filosofía de la totalidad. Era un tiempo en que todavía se creía estar bajo un sólido y único techo metafísico. Sin embargo, un “individuo” siempre fue una amenaza al todo integrado de la razón. Jamás, en el interior del sistema de la totalidad, se podría concebir un elemento que fuese de suyo independiente del todo, que no pensase ni actuase mediante su pertenencia al todo. Empero, fue exactamente este el más grande logro de la época de la catástrofe metafísica.

Sin embargo, el hombre sin techo, que se deleita en su sí-mismo en los períodos de intermitentes huídas a su acosmismo interior, todavía necesita e intenta criar esferas de relacionamiento, de convivio. Como antes ya lo vimos, el ser humano primitivo se organizó en hordas pues que desarrolló una esfera compuesta de sonidos en la cual se podría identificar con los otros miembros del grupo. Dentro de las hordas, los miembros están como que “encerrados en cajas de resonancia”13. De suerte que vivir en grupo, vivir en la horda, o sea, vivir en sociedad, es el logro de criar un “espacio interior de comunidad”14, es el resultado del esfuerzo de creación de un espacio intrauterino fuera del seno materno, una suerte de “regazo fantasmal, en parte imaginario y en parte acústico”.15

La historia de la filosofía la muestra como un proceso de desarrollo de la razón basado principalmente en la vista y en la luz16 y debido a eso ha tenido una actitud un tanto desdeñosa con la “realidad del oído”17. Las diferencias entre las relaciones mediadas por la vista o por el oído son importantes. En el caso de la vista, hay que se suponer una separación e incluso una distancia entre el que mira y el mirado. Una distancia y unaseparación no sólo espacial bien como ontológica. El sujeto tiene su estatuto ontológico distinto del objeto. El sujeto es el agente y el objeto es el paciente, o el pasivo de la relación. La vista establece una relación exterior con el objeto. El oído, entre tanto, no conoce un “en frente” al mundo, no hay espacio de separación, no hay un borde del mundo como el que hay para la vista y donde esta se ubica en cuanto mira. La relación del oído con el mundo, o sea, la constatación de que hay un mundo, se da en cuanto se está “en medio al suceso auditivo”18 mismo.

Incluso el filosofar puede ser visto como un encerrarse en sí mismo como condición necesaria al pensamiento, la abstracción del mundo es necesaria para que el pensar, o la voz interna, pueda hablar y a la vez ser oída. El cogito de Descartes es, en verdad, un yo-escucho-algo-en-mí-hablar-de-mí-y-demás. El habla interna, o el mínimo sonido interior, es la “primera y única certeza que puedo adquirir en mi autoexperimento. Se le podría denominar un cogito sonoro. Escucho algo en mí, luego existo.”19

Así que, igual que el estatuto epistemológico del mirar, que establece relaciones de separación y de objetivación, el oír tiene su propia modalidad epistemológica en cuantomedio de expresión del ser-en-acto o de ser-en-el-mundo. Asimismo, en el proceso filosófico en sus comienzos se muestra claramente la necesidad del alejamiento del mundo para una contemplación interior de las ideas; se hace necesaria una ausencia contemplativa en la cual se hace manifiesto un mundo de voces y sonidos interiores. Incluso esta ausencia a un estado sin oído exterior es lo que suele llamarse inspiración y por ser la expresión del sentido acústico profundo el cual está unido al ser-en-sí del alma, que no es sino un escuchar de sí mismo20.

Pero también el sentido acústico profundo es el medio que propicia el ser del hombre en sus ir y venir al mundo. “Una antropología filosófica de nuevo tipo nace del aserto y puesta de que los hombres son seres que figuran en ritmos de salida y puesta del mundo – existente, inexistente, presente, ausente-.”21 Así que, en el artículo en que se pregunta “¿dónde estamos cuando escuchamos música?”, Sloterdijk plantea que hay un aspecto ritmológico en el hombre que se expresa a través de la música, la cual seria “la conjugación de los dos anhelos” constituyentes del individuo. Uno de los anhelos conduce desde “una nada positiva, desde lo que carece de mundo”, del acosmismo del seno materno hacia lo manifiesto, la escena abierta del mundo. El otro anhelo conduce desde la plenitud del mundo de vuelta a lo que “carece de mundo, lo liberado, lo reconcentrado”. Y hay música del venir-al-mundo y hay música de huir-del-mundo.

Así que el pensamiento estético de Sloterdijk atribuye a la música un rol de celebrar la reanudación del “tono del continuum acústico profundo del instrumento materno”22 perdido por el que ha nacido y también que ella hace recordar siempre el “silencio cósmico de la existencia”. O sea, la música hace una suerte de conexión y de camino hacia dentro y hacia fuera del individuo.





El arte y la fuerza de felicidad


En su artículo “El arte se repliega en sí mismo23”,Sloterdijk muestra el arte en sus caminos desde sus momentos como expresión del poder criador descubierto principalmente a partir del advenimiento de la modernidad y del sistema de producción.

Pero el sistema de producción hizo el arte ser en mucho determinado por el sistema de exposición, así que estos dos parámetros componen el carácter epifánico del arte. Este carácter “demanda el cruce entre producción y exhibición”. Pero este arte es hecho según los criterios del mercado de arte, según las necesidades de la galería y la característica intrínseca de la obra de arte de ser hecha para el blanco del muro. La necesidad interna, primigenia, de su exhibición en galerías, ferias y museos ha usurpado “el lugar de la autorevelación de las obras”.

Así que, concluye Sloterdijk, “Las obras de arte significativas son lugares que se abren mediante la autorevelación de los poderes creadores de obra más felices”. O sea, las fuerzasde la felicidad están presentes en las obras de arte que se abren hacia la celebración de sí mismas en sí mismas, “y confluyen en la capacidad universal de felicidad”.

Pero aún no es suficiente que el arte sea libre de estos parámetros sino que sea para sí. Y en siendo para sí, se repliega en sí misma y abandona la galería, y va hacia un lugar de autorevelación que no se defina por la necesidad de ser mirada, contemplada. El autorevelarse a sí misma la hace componer el landscape de su lugar de autocontemplación, y el casi desinterés de los que pasan a su lado son el lugar de encuentros de miradas fortuitas las cuales componen esta cotidianeidad. Pero, exactamente la cotidianeidad es el que abarca la visibilidad del arte que se hace fuerza de felicidad. ¿Y porque? Sloterdijk lo piensa: “¿Qué es visibilidad? Quizás la cotidianeidad de la revelación.” Mas la revelación es el acto mismo de ser iluminado pela visibilidad de algo, que para ser visto, demanda que salgamos al mundo para que el mundo se nos muestre.





El estético despliegue del sí-mismo


La fuerza del pensamiento estético no solamente como lenguaje y expresión pero también como productora de categorías de pensamiento se ha presentado el un pensador del comienzo del siglo XX y que dejado una herencia de escritos filosóficos que no sólo suministran elementos fundamentales para la autocomprensión del hombre contemporáneo como también muestra la fuerza de una estética filosófica como necesaria para la investigación de las cuestiones humanas más importantes.

Estamos hablando del pensador alemán Franz Rosenzweig. Un hombre cuya obra no se aparta de su vida. Su vivir es el camino manifiesto de su pensamiento y la expresión más acabada del dolor descripto en sus obras filosóficas. Su obra ya no separa en momentos estáticos la filosofía, la ciencia, la teología, el arte. Es un pensamiento que se da en el tiempo, en la fáctica constatación existencial de la presencia del Hombre, de Dios, del Mundo.

Su obra más importante, “La Estrella de la Redención”24, Franz Rosenzweig la escribe en su primera parte en el front alemán de la Primera Guerra Mundial. Sus primeros capítulos son escritos en tarjetas postales que el filósofo los envía a su madre. Al volver a su hogar, el ex -soldado los toma y sigue escribiendo hasta que publica esta magistral obra. Pero antes de la escribir ya compone artículos en los cuales señala la dirección de su pensamiento y en los cuales ya muestra la fuerza y alcance de sus ideas. En la Estrella, muestra en plenitud también la grandeza de su estilo.

La Estrella es un relato “en grandes frescos”25 donde el autor constata, así como lo hace Sloterdijk, pero que algunas décadas en adelanto, que el hombre está sólo. El sueño de totalidad se fragmentó. El idealismo y su absoluto no pudieron resistir a la fuerza del individuo. Como lo dice Rosenzweig, refriéndose entre otros ejemplos a Nietzsche, que el hombre, no, que “un hombre”, con nombre y apellido, “como filósofo se había adueñado de la filosofía”26. La filosofía, como lo refirió Sloterdijk27, tenía mucha dificultad en reconocer el individuo como existente, pero ahora, la filosofía, aunque no lo comprendía tampoco lo podría negar, “ya que dominaba sobre ella”28.

A través del reconocimiento de la fragmentación de lo real, de la afirmación del individuo de sí mismo delante el todo, pero también de la descubierta de su soledad, ahora el individuo se reconoce mediante la fuerza fáctica incontestable de su existencia. Y no sólo a sí mismo pero que también ahora puede constatar fácticamente su presencia en el mundo y la presencia de Dios.

Empieza a formarse la gran figura que va a componer la Estrella de Rosenzweig. A través del reconocimiento de los tres elementos fundamentales y de sus relaciones, el dibujo va ganando forma. Los tres elementos conforman la realidad de lo vivido: Dios, Hombre, Mundo. Y no hay jerarquía entre ellos. Son tres en el mismo nivel que se dan a relaciones unos con los otros apenas por su propio movimiento interno, sin que sean constreñidos a eso sino que por sus propias decisiones internas. Cada uno de ellos es un mundo cerrado sobre sí mismo.

En este punto, el análisis de Rosenzweig busca en la forma literaria de la tragedia griega la mejor expresión para presentar el hombre cerrado sobre sí mismo. El héroe trágico es una figura de silencio. Es la figura que nace en el impulso interno de Eros mas que cuando se percata de su finitud se halla delante de Thánatos. Y con la muerte el silencio se impone. Su habla se dirige hacia sí mismo. Para que del héroe se pueda saber algo, el coro del drama ático tiene que hablar de él. “En la poesía narrativa, el silencio es la regla; la poesía dramática, en cambio, sólo conoce el hablar”29. Esta es la imagen del hombre cerrado en si mismo presentada a través del héroe trágico. “El sí-mismo no sabe nada de fuera de él: está absolutamente sólo”. Pero su callar es lo que lo configura como un sí-mismo y que quiebra los puentes que lo unen a Dios y al Mundo. Pero hay un lenguaje en este mundo de silencio. Hay algo que lanza un puente entre el sí mismo, que como artista, actúa sobre el fundamento de una comprensión sin palabras entre los hombres. Sobre este fundamento puede llegar a ser una realidad el arte. Cuando el sí-mismo, el absolutamente humano del sí-mismo, se hace visible suscita la mismidad en lo otro. “Los sí-mismos no se encuentran, pero, a pesar de ello, en todos suena la misma nota: el sentimiento del propio sí-mismo”30. Aquí llega el lugar del arte. Aquí su importancia y su rol.

“Esta transmisión sin palabras de lo igual tiene lugar aun cuando no hay todavía puente alguno que lleve de un hombre a otro hombre. No tiene lugar de alma a alma. (…) Ocurre entre sí-mismo y sí-mismo, de un silencio a otro silencio. Este es el mundo del arte”31.

A través del arte, como lenguaje en medio al silencio de los sí-mismos, que aunque siga como silencio, cada uno siente en él lo más íntimo del otro. Lo que es la igualdad de lo humano es la enjundia de la obra de arte. El arte es el lenguaje primordial de lo inexpresable, crea la comprensión muda, imprescindible, por debajo y junto al lenguaje propiamente como tal. Aunque el sí-mismo no hable, es escuchado. El sí-mismo puede ser visto y en cuanto es visto, en el mirar callado los espectadores hacen su giro hacia el propio dentro.

Pero el sí-mismo no quiere quedarse encerrado en sí. ¿Mas como sacarlo fuera de sí? En la tríadica imagen de Rosenzweig, el hombre compone uno de los vértices. Los otros dos son Dios y el Mundo. Así diseñada, se va conformando la imagen de un primer triangulo que muestra que hay un movimiento de Dios hacia el hombre. Esto muestra que la fuerza que emana de Dios y que toca el hombre es su amor. Ahora bien, el hombre, libre en si mismo pero cerrado, se ve tocado por algo que él no conoce su origen pero que lo siente y lo vive. El amor divino. Este amor es de tal naturaleza que no se queda cerrado en el hombre pero lo hace buscar su expresión en el amor al prójimo y al mundo.

El dibujo está se aclarando. Los tres elementos se relacionan directamente en dúos: Dios-Hombre, Dios-Mundo, Hombre-Mundo. El segundo triangulo se forma por las relaciones, o sea, no por lo que cada una es “esencialmente”, pues que no hay más esencias que considerar ya que el todo metafísico se ha desechado, sino que se los conocen por lo que hacen uno al otro. Así, la relación Dios-Mundo es Creación, Dios-Hombre es Revelación, Hombre-Mundo es Redención. La historia, o sea, el sustrato temporal muestra su sentido. La relación Dios-Mundo es el pasado, Dios-Hombre el presente, Hombre-Mundo el futuro. Los dos triángulos ahora se enlazan y combinan. La estrella de David se muestra completa.

Pero, este hombre que quiere la vivencia del amor se constituye de tal manera que está cerrado sobresí mismo. Mas el cerrarse sobre sí mismo sólo tiene en el amor su posibilidad de apertura. Ahora bien, si él se abre, ¿hacia qué o quién se abre? Si está cerrado sobre sí mismo, ¿cómo percibir algo allende sí-mismo? Su ser propio, aunque mudo para el mundo, en la vivencia de silencio encuentra en el otro el mismo sí que lo constituye y con el cual tiene una armonía que no tiene todavía palabras. Y el medio de poner fuera de sí algo que sea señal y autoexpresión, aunque vuelque a sí mismo, es el arte. A través del arte, el sí-mismo se descierra y deja algo de suyo que es su señal, y el otro que ve el obra de arte lo percibe apuntando hacia sí mismo, pero lo encuentra como señal del otro. El sí-mismo, replegado y cerrado en sí, ve la señal. El arte y el amor se aúnan en el camino del hombre hacia fuera.

En su artículo “El Nuevo Pensamiento”32, Rosenzweig presenta el hombre plenamente insertado en el tiempo. Su filosofía reconoce la importancia de los libros filosóficos, pero los utiliza como ejemplo de un pensamiento que no se da en el flujo temporal. Su más enérgico ejemplo, los diálogos de Platón, él los muestra como una filosofía que no sabe más el que es el tiempo. Son piezas fundamentales de la historia del pensamiento las cuales empero muestran que en verdad no son diálogos, pues que las hablas no son naturales ni libres ya estando marcado su camino de cuestiones y respuestas. Siempre se sabe de antemano el que va a responder el interlocutor.

El hombre que hace la filosofía del nuevo pensamiento está tan insertado al tiempo que ya reconoce que el otro es solamente presente y futuro. El presente, el presenta del habla, demuestra con total fuerza la acción de la nueva filosofía: uno no hace más que su pensamientosea una secuencia pre establecida de preguntas y respuestas. La filosofía del nuevo pensamiento deja de ser texto y se cambia en la habla. La palabra toma el lugar del texto. El filósofo, el vivo, arrebata el lugar del libro. Así, el interlocutor no sólo gana los oídos pero ahora tiene también una boca. El nuevo siempre puede acontecer. Algo puede acontecer. No se sabe el que va a decir el interlocutor. Incluso el que piensa no tiene por seguro el que va a pensar el momento siguiente. El hombre, el vivo, es el agente del nuevo pensamiento.

El pensamiento de Franz Rosenzweig aún en otras obras muestra la fuerza de la expresión dramática, el poder que le confiere el carácter estético de su pensamiento y, además, el grado en que su pensamiento se muestra humano, vivo y vivido en el tiempo, el que significa que el futuro es una expectativa. Él hace un cambio fundamental diciendo que, si para el pensamiento antiguo el eterno ya se dio en el pasado, ahora, el eterno nos es un dado sino una gran posibilidad abierta en el futuro.





Un gran fresco en largos trazos y pinceladas.


Parece que uno de los anhelos de Rosenzweig lo expresa casi de la misma forma Sloterdijk: “Existencialidad en lugar de substancialidad; resonancia en lugar de autonomía”33. Asimismo la mirada al arte como en lenguaje del amor y expresión de las fuerzas de búsqueda de felicidad. La palabra como vínculo y expresión pero el silencio interno como el característico del humano.De tal manera que vemos que el poder estético del pensamiento filosófico más que nunca se ha mostrado en su importancia fundamental no sólo en los comienzos del siglo XX bajo los fragmentos del idealismo, como lo plantea Rosenzweig, sino que también en los comienzos del siglo XXI, en nuestros tiempos post metafísicos delante de la necesidad de una antropología filosófica de rasgos estéticos como no los presenta Sloterdijk.

Así que, aunque presentados en estos largos trazos, pudemos constatar algunas de las proximidades existentes entre los dos pensadores que aquínos han ocupado. Cabe sí, advertir que este fresco debe servir tan sólo para que se profundicen los estudios tendientes a establecer una fecunda interrelación entre estos dos originalisimos pensadores de nuestro tiempo.





* Lic. José Luiz Bueno







Licenciado en Filosofia por la Universidade de São Paulo (Brasil)

Estudiante de Postgrado en Filosofia por la Pontifícia Universidad Católica de Valparaiso (Chile)



Programa de Postgrado. Instituto de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Alumno del Seminario Sloterdijk Prof. Dr. Adolfo Vásquez Rocca, 1º y 2º Semestre 2007:



Seminario Sloterdijk - Nietzsche - Postgrado Instituto de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso - Prof. Dr. Adolfo Vásquez Rocca
Seminario 'Peter Sloterdijk, un pensador Estético' - Prof. Dr. Adolfo Vásquez Rocca, Postgrado, Instituto de Filosofía, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso



Membro do Núcleo de Estudos em Mística e Santidade (antiguo Grupo de Pesquisa “Religião: Teoria e Experiência”) del Departamento de Estudos Pós-Graduados de la Pontifícia Universidade Católica de São Paulo, desde el 2004.

Ponencia en el I Congreso Brasileño de Filosofía de la Religión, en Brasilia, Brasil, en el año 2005, con el Título “As Conseqüências de se entender o pensamento de Spinoza como monista”.



Artículo en la Revista Agnes - Cadernos de Pesquisa em Teoria da Religião, publicação do NEMES – Núcleo de Estudos em Mística e Santidade (antigo Religião, Teoria e Experiência), certificado pelo CNPq - do Programa de Estudos Pós-graduados em Ciências da Religião da PUCSP, con el título “Deus e Liberdade – (Dios y Libertad: Spinoza en el pensamiento político contemporáneo)".



Artículos:


Las influencias gnósticas en Peter Sloterdijk; medios puros, telecracias y la metafísica de la telecomunicación.



As influências gnósticas de Peter Sloterdijk

Jose Luiz Bueno

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